sábado 29 de noviembre de 2008

¡Ejem!

P.D.: No olviden pasarse por 'Purgatorio crítico' en fin de año: como broche de oro, tendremos una selección con lo mejor y peor del año, no solo en lo que a películas se refiere.

viernes 31 de octubre de 2008

Mi plan para el Día de los Difuntos

Las mujeres son un arma de doble filo. Ni fantasmas, ni vampiros, ni zombies ni pollas. No hay cosa en la vida que dé más miedo que ellas, principalmente cuando hablamos de poder. Si no, explíquenme cómo es posible que un tipo que, hasta hace poco tiempo, se deleitaba con la última de Ferrell al grito de la pegadiza "¡Barcos y putas! ¡Barcos y putas! ¡Quiero tener muchos barcos y putas!", se empapaba un libraco de 'golems' judíos, leía cómics de este tío y escuchaba con dos cojones -y a todo meter- canciones de Leño, sufra en sus propias carnes un giro del destino tan imposible como el de estar apunto de pagar dinero para ver High School Musical 3, enésimo éxito de la Disney, que se ha conseguido situar como el musical más visto de la historia en su primer fin de semana, aun contando con todos los detractores del mundo.

No tengo nada que ofrecer con este 'post', busquen lo que busquen, a lectores asiduos, 'bloggeros' y demás calaña que el Día de los Difuntos decide sumergirse en el mismo purgatorio no sé si tratando de encontrar una reseña de El niño con el pijama de rayas o quizás un cierrre definitivo que, de una puñetera vez, logre que deje de decir tonterías y de tratar de comunicarme a través de textos irrelevantes con algún pirado que concuerde en mis cada vez más descabelladas ideas cinéfilas, a veces tan pesadas de justificar y explicar que lo mejor es echarse a dormir. Justo lo que voy a hacer ahora, dormir la siesta. En un rato vengo.

Lo que quería decir principalmente era que, si quieren, pueden dejar de leer este artículo, porque no voy a solucinarles nada. Ni es una crítica, ni es una opinión, ni tampoco es, aunque lo parezca, una bizarrísima autobiografía. No sé ni lo que estoy escribiendo, todos estamos perdiendo el tiempo considerablemente con estas líneas, quizás motivados por la satisfacción que proporciona el consumo desporporcionado de algo tan vacío como la nada, que llena una barbaridad. Bien, tras esto, redondeémos el desastre volviendo al tema inicial. High School Musical mola. Es un triunfo de la no innovación, una repetición de la fórmula Disney, con el subtexto de "poder ser lo que uno quiera ser", que bebe muchísimo de otros musicales y ni siquiera se molesta en actualizar antiguos clichés, mostrándose tan recatada en aspectos carnales como siempre ha sido la factoría de Mickey Mouse. Hay mucho amor, muchas canciones y muchas cosas bonitas sobre "volar juntos" y todo ese cisco, pero su sexualidad se resume, como mucho, y echándole bastante imaginación, en alguna que otra escena en las duchas del equipo de baloncesto después de un entrenamiento, y no precisamente al estilo de la secuencia inicial de Carrie, ni muchísimo menos. No hay apenas nada más allá de la pantalla -incluso Dirty Dancing evocaba más cosas-, pero, como decía algún que otro párrafo antes, la vacía nada llena mucho. No estamos, esta vez, ante un lleno equiparable a la sensación que, estomacalmente hablando, produce el consumo de una grasienta hamburguesa con doble de queso y esputo -algo que, tal vez, se correspondiera más con entretenimientos prefabricados del tipo 300, donde uno no sabe si, escuchando sus súplicas, le están dando más dosis de violencia o en realidad se le está tomando el pelo-, sino ante la misma sensación que despierta una obra de teatro del tres al cuarto donde un grupo de actores cualquiera representa una obra medianamente aceptable y, una vez se echa el telón, hasta el apuntador se levanta para aplaudir durante varios minutos, ante los ojos emocionados de todos y cada uno de los interventores. Justo en ese instante -¡y solo ahí!- se respira algo que, en realidad, no deja de ser lo mismo de siempre, maquillado por un haz de luz y color que consigue que, por varios segundos, uno se olvide de estar formando parte de la misma mierda y se apegue a un ficticio arco iris pobre pero eficazmente improvisado. Y no es nada. Con High School Musical ocurre eso mismo: ningún espectador puede creerse uno solo de los armoniosos y muy felices diálogos de los protagonistas ni de los presumiblemente caricaturescos antagonistas, pero entre tanto hay muchos bailes, coreografías muy conseguidas, decorados de ensueño y pelotas de baloncesto botadas con mucho ritmo. No sé qué más quieren, eso es el cine de evasión. Y si les repugna la manera que tiene Disney de tratar un reparto compuesto por 'sex-symbols', siempre pueden buscar a Vanessa Hudgens desnuda por Internet. Yo lo he hecho.

En fin, ya volveré a mis cabales, de momento esto es todo -o nada de- lo que puedo ofreceros. Cuando sea, escribiré cuatro cosas sobre Camino y alguna más. Perdón por la absurdez, Jaime Lorite pronto volverá a ponerse el chubasquero de David Dunn y las aguas volverán a su cauce, frase hecha que me da mal rollo utilizar tras leerme las Coplas a la muerte... de un tal Manrique (uno, que va al instituto y tiene que hacer ciertos esfuerzos): "Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar/ que es el morir;/ allí van los señoríos/ derechos a se acabar/ y consumir;/ allí los ríos caudales,/ allí los otros, medianos/ y más chicos,/ allegados son iguales/ los que viven por sus manos/ y los ricos".

domingo 19 de octubre de 2008

Parafernalia

Vamos a cargarnos varios pájaros de un tiro. Antes de empezar con las cuatro breves comentarios (sí, cuatro) sobre alguno de los títulos más interesantes, en apariencia, estrenados en las últimas semanas, aquí les dejo el cortometraje rodado por mi profesor y demás miembros de la Escuela de Cine, toda una curiosidad. Su duración no llega a los seis minutos y es de todo menos aburrido, así que no teman perder un poco el tiempo pinchando en el enlace, que la cosa merece la pena.

Después de esto, saltémonos un poco la tradicional parrafada que corresponde antes de toda reseña y vayamos al grano, que hoy, encima, neutralizo títulos de algunas de las últimas semanas de estrenos, y eso es de todo menos sencillo. Me gustaría hablar de más películas, pero el tiempo es oro.

Jason Statham no defrauda a sus seguidores y, tras el ligero paréntesis que supuso The Bank Job -inédita en España, aún-, el carismático protagonista de la saga Transporter (en breve, una trilogía) vuelve a las andadas con Death Race, espectacular 'remake' de una joyita 'cormaniana' sin el menor desperdicio. Pese a su excelente campaña publicitaria, con la mítica 'Welcome to the Jungle' de fondo, así como el tirón de su actor protagonista para estas producciones, la película se ha estrellado en Estados Unidos aun contando con un presupuesto no excesivamente abultado, que ha recuperado en el resto del mundo, no sin ciertas dificultades. Y la verdad es que es un resultado algo injusto, teniendo en cuenta que se trata, entre otras cosas, de la mejor película de Paul W.S. Anderson en años, y de uno de los llamados "productos de consumo fácil" con más enjundia estrenados esta temporada.

Olvídense de Resident Evil, Alien vs. Predator y demás lindezas: pese a los sospechosos precedentes de su máximo responsable, Death Race es uno de los títulos más vibrantes estrenados a lo largo de este año, mucho más efectivo que gran parte de los (pobres) 'blockbusters' que hemos tenido ocasión de disfrutar este verano, que ha tenido la suerte de contar con un gran material de partida y un realizador al que le pierde el espectáculo. Aquí todo está muy dosificado: el guión se ha cuidado lo suficiente para mantener cierta parte del espíritu crítico, reivindicativo y puramente antisistema de la destacable La carrera de la muerte del año 2000, aunque sin renegar, en ningún momento, de una presumible honestidad que se advierte con solo ver quién anda metido en el reparto. Así pues, Death Race jamás deja de ser otra película de mamporros de Jason Statham, aunque esta vez haya más explosiones de por medio y menos artes marciales. Los amantes del género encontrarán aquí un agradecido oasis, entre tanta marea de producciones PG-13 y artefactos a cámara lenta.

Pasemos a otro buen 'remake', esta vez de la mano del especialista Alexandre Aja, que ya lavó la cara hace un par de años al clásico de Wes Craven Las colinas tienen ojos. Esta vez, el francés echa mano de otro título de terror asiático (en este caso, surcoreano), como ya viene siendo habitual en Estados Unidos, del que toma algunas premisas argumentales y poco más. Así pues, Reflejos no es, ni muchísimo menos, un calco de la decente El otro lado del espejo (conocida en muchos círculos, simplemente, como Into the Mirror), sino una adaptación a la que se le priva de toda función alegórica y se le aplica la parafernalia de siempre, cosa que funciona sorprendentemente bien. Esto es debido, en lo principal, a que Aja es un excelente director que sabe darle el perfecto empaque a una propuesta que, en manos de otro, jamás habría cruzado la barrera de lo discreto. El 'remake', aunque nunca parezca tener como modelo el título que adapta, no tiene nada de original, pero el guión tiene mucha garra y la historia está presentada estupendamente, partiendo de una escena inicial sobrecogedora y, como no podía ser de otra forma, con la imprescindible casquería de Aja.

La subtrama de los críos es el mayor achaque de la película, pero, por lo demás, Reflejos es condenadamente entretenida, de principio a fin. Desde su sobrecogedora secuencia inicial, pasando por unos trabajados títulos de crédiotos en los que ya se empieza a jugar con la idea principal, hasta su inteligente desenlace, el 'remake' de Aja se disfruta bastante bien, logrando por momentos superar a su embarullado deudor, y resultando, sin problemas y pese a los tópicos y abuso de "lugares comunes" del cine de terror, igual de efectiva que la sorprendente Las colinas tienen ojos, donde ya ganó por puntos al Craven de los setenta. Su significa falta de pretensiones que ya de por sí le otorgan una extraña y quizás acertada apariencia de cinta liviana de evasión consigue que se antoje algo más simpática que otras producciones de, en teoría, mayor índole. El resto lo hace un protagonista con el carisma suficiente para llevar buena parte del peso de la película, Kiefer Sutherland, si bien es cierto que su escasa variedad de registros no ayuda a olvidar, en absoluto, al Jack Bauer de 24. En definitiva, una entretenidísimo y muy bien dirigido filme de horror que, aun sin haber contado con el apoyo de la crítica ni del público, probablemente acabe viéndose reivindicado en cuestión de años.

Pese al interés despertado en su primera semana de exhibición, una película que sí parece condenada al olvido es La conspiración del pánico, extraña traducción española de Eagle Eye, que pese al halo de misterio con el que ha contado para su campaña publicitaria y el prometedor material promocional que le otorgaba cierto carácter de 'blockbuster' tardío, la película no es más que un desapasionado compendio de títulos muchísimos mejores, que parece empeñado en ser una celebración del concepto de "cine de acción" que aproximadamente una década atrás instaurara Michael Bay, pero sin el sentido del espectáculo descabellado del director de Armageddon. Aquí tenemos tras las cámaras a D.J. Caruso, hombre que ya sorprendió en taquilla el año pasado con la, no obstante, discreta Disturbia, también con el protagonismo de Shia LaBeouf, chico de moda en Hollywood que ha visto como su, hasta ahora, imparable carrera se detiene ligeramente ante las correctas aunque insatisfactorias cifras de su nuevo film, por debajo de las esperadas. El esquema es similar al que triunfó el pasado año con la notable Transformers: actor en plena ascensión dentro del 'star system' (LaBeouf), director sin demasiadas intenciones artísticas y Spielberg dando ideas para el resultado final -y, en este caso, ingeniando también la historia original-.

El problema no está en que la propuesta no tenga ni pies ni cabeza -disparates mayores han funcionado mejor-, sino en que ni Caruso ni sus guionistas han sabido sacarle partido a una idea con cierto interés, pese a haberse tratado ya en multitud de ocasiones. El director no parece saber exactamente si está emulando a Bay o al propio Spielberg, o si en realidad está homenajeando a Hitchcock. En cualquier caso, nada de ello le sale a derechas: La conspiración del pánico resulta un poco inspirado "todo vale" que, en lugar de contra con una estructura narrativa respetable, únicamente acumula una serie de completos despropósitos que alcanzan su cima en la alucinante persecución en el aeropuerto y su inenarrable conclusión (la caja). Al final, la verdadera sorpresa de este aparatoso artefacto de, al fin y al cabo, entretenimiento no reside en la identidad del antagonista ni nada por el estilo, sino en los títulos de crédito: ¡cinco guionistas! ¡Cinco!

Ante estar repetición de clichés, resulta lógico que el público se aburra y prefiera escoger propuestas con burlan a golpe de ingenio los más manidos tópicos cinematográficos, sobre todo cuando detrás de esos dardos envenenados se encuentran dos de los guionistas más ácidos de Hollywood, Joel y Ethan Coen. Quemar después de leer completa la trilogía imaginaria que vincula a los Coen con George Clooney -bautizada por este último como "la trilogía de los idiotas"-, iniciada hace varios años con O Brother!, cuyo testigo recogió la divertida Crueldad intolerable. Sin conseguir situarse siquiera entre las mejores comedias de sus autores, Quemar después de leer es otro gran ejemplo de sátira elaborada a golpe de ingenio, brillantemente escrita y plagada de subtramas muy bien hilvanadas que acaban interconectándose del modo más disparatado posible. Nada ha cambiado, aunque los Coen se llevarán el gato al agua en la última edición de los Oscar gracias a la espéndida No es país para viejos, o Brad Pitt llevara una temporada encarrilando uno tras otro proyectos como Babel o El asesinato de Jesse James.

La película, cuentan sus responsables, fue creada en torno a John Malkovich, actor con el que nunca habían trabajado, cuyo personaje se elaboró a su medida. Así pues, inspirándose en la novela Burn Before Reading, del antiguo jefe de la CIA Stansfield Turner, los hermanos Coen hacen una radriografía no ya de la mencionada CIA, sino de los ridículos movimientos que se pueden llegar a producir en torno a un acto estúpido. No tenemos el tradicional monólogo inicial de toda película 'coeniana', pero tenemos una hilarantísima conclusión entre dos de los personajes sencundarios que, poco a poco, tratan de encontrarle algún sentido a la serie de hechos ocurridos durante la acción. No es una película accesible (mis acompañantes se aburrieron...) ni está destinada al consumo fácil pese a su promoción, más propia de una cualquier comedia al uso, pero los seguidores de los hermanos Coen no saldrán decepcionados de una propuesta que no es Barton Fink... pero tampoco es Ladykillers.

miércoles 8 de octubre de 2008

Hecatombe, caos, lo mismo da

Mientras el blog se sumerge en el caos del título -que no va por ahí, pero se puede aplicar maravillosamente al contexto-, supongo que será muy de agradecer que cuente, a modo reducido, qué tal van las cosas en las que me ocupo mientras me despreocupo de la bitácora. Realmente, no hay mucho que contar: aunque pensé que en cada uno de los presuntamente semanales 'post' podría comenzar con alguna batallita sobre mi emocionante vida, todo parece estar envuelto, desde hace ya un tiempo, en una normalidad insultante. Han pasado ya unas semanas desde que comencé el instituto y no ha ocurrido nada significativo, después de una primera toma de contacto con Filosofía 'destroyer' en la que ya se nos cuestionó cuál era el sentido de la vida -así, para romper el hielo-, y unas doce espectaculares clases de Historia en las que el profesor se ha encargado, entre otras cosas, de lapidar de una puñetera vez a Pío Moa y César Vidal, algo que era humanamente necesario.

Entre tanto, independientemente de todo y con tan solo dos compañeros más (eran tres, pero al parecer uno se ha rajado), he iniciado mis labores por sacar algún provecho a lo único que se me da medio bien o que, al menos, me gusta, llendo a la Escuela de Cine, algo que está funcionando como un "in-crescendo": tras una primera clase que no prometía nada bueno, en la que el profesor declaró pasión por Medem o Godard, se cargó Titanic y confesó no soportar la alucinante y muy sugerente Trainspotting, la cosa ha ido mejorando y, aunque me pierda habitualmente -¡qué traicioneros son los ángulos!- y sea todo muy técnico, se podría decir que promete bastante. Hubo alguno que me pidió que fuera comentando los truquitos que aprendiera por ahí -algunos muy curiosos, por cierto-, pero ¿no dicen que un mago jamás revela sus secretos? Pues eso.

Y, para cerrar esta introducción realizada con la (frustrada) intención de situar al héroe en escena, les anuncio que un servidor ha sumado un año más al casillero y ya van 16 primaveras, algo que obvié mencionar y que, por supuesto, es completamente irrelevante. Pasemos a lo que interesa: los estrenos. Pero los de hace dos semanas, que ando con un retraso de tres pares de cojones, y en breve se intentará actualizar más, que el síndrome post-vacacional es muy, muy malo.

Existe cierta unanimidad con respecto a Tropic Thunder, y eso, para tratarse de un trabajo de Stiller, es algo que me preocupa. Pongámonos en situación: hace algo más de una década, el popular protagonista de Los padres de ella estrenaba en cines The Cable Guy, protagonizada por el incombustible Jim Carrey, que alcanzó tal fracaso crítico que, pasados los años, solo temerarios como el que esto escribe nos atrevemos a reivindicar la locura de una propuesta sin precedentes. Tiempo después, Stiller volvió con Zoolander, que de nuevo cosechó críticas de todo tipo, con la única diferencia de que acabaría convirtiéndose en casi una cinta de culto, al menos dentro del género. Con Tropic Thunder alcanzando estupendas valoraciones de grandes medios de comunicación, cabía intuir que, al menos, una cosa había cambiado desde el estreno de cualquiera de esas películas: o bien la crítica, o bien el propio Stiller. Sorprendentemente, el director, actor y todo lo que se le eche, sigue siendo muy fiel a sí mismo con una comedia que lleva al límite la insensatez de sus trabajos anteriores, permitiéndose lujos como el de tener un presupuesto en torno a los 100 millones de dólares -el mismo con el que ha contado, para que se hagan una idea, la imposible adaptación de Dragonball que está produciendo la Fox-.

Tropic Thunder, en principio, está planteada como una ácida sátira del cine bélico norteamericano y acaba omitiendo la apostilla de "bélico" para desmontar todo Hollywood, sus formas y las frivolidades de alguno de sus nombres por excelencia, aunque para ello tenga que contar, muy acertadamente, con miembros del 'star system' como Tom Cruise, en su mejor actuación desde hace lustros. Pese a sus consabidas irregularidades, muy típicas en Stiller, probablemente hablemos de una de los pocas comedias prácticamente redondas estrenadas este año, eficaz de principio a fin, y todo gracias a un guión muy bien elaborado por Justin Theroux -elegido para escribir la secuela de Iron Man tras su trabajo en esta película- y a un grupo de actores con muchísimo talento, incluyendo los impagables cameos. ¿Hartos de la pesada censura impuesta por Hollywood y el cuidado puesto en el lío de la calificación por edades? Tropic Thunder ofrece los diálogos que usted siempre quiso escuchar en una sala de cine y nunca le dejaron, así como un merecidísimo encumbramiento al llamado "negro de la película", personaje bastante recurrente en multitud de producciones, marcado siempre por las mismas pautas y que, ironías de la vida, ha tenido que ser definitivamente inmortalizado por un blanco: Robert Downey, Jr., inmenso en su soberana creación. Si lugar a dudas, una de las mejores películas de la temporada.

De algo parecido se podría haber hablado respecto a Babylon, de no ser por el martirio al que se ha visto sometida por ciertos productores. Aunque en principio se habló de que llegaría a Europa con el metraje extra eliminado en contra de los deseos del director, el hundimiento taquillero de la película en Estados Unidos parece haber motivado a la Fox ha acortar su metraje en todo el mundo, dejando las casi tres horas originales en una escueta hora y media. Por razones como esta y otras tantas, la buena idea que presenta Babylon no termina de funcionar. Kassovitz, su director, apunta maneras, pero se le ve algo desorientado en un proyecto que pedía una complejidad mucho mayor a la empleada, al menos, en la versión exhibida en cines. Tiene algunas imágenes poderosas (el primer "viaje" de Vin Diesel en coche) y destellos de buena ciencia-ficción, pero el resultado se antoja insuficiente, previsible y quizá algo tedioso.

Al final, Babylon resulta una película más de su protagonista, ocasionalmente divertida pero sin garra. Posee ciertos momentos conseguidos o, al menos, hechos con cierto talento, pero las circunstancias impiden que se llegue a más, mostrándose de lo más liviana dentro de la ciencia-ficción, y sin demasiadas cosas que contar ni aportar, sobre todo cuando ya hemos visto títulos como la muy superior Hijos de los hombres, de premisa parecida y también ambientada en un futuro, cuanto menos, apocalíptico. No se trata de una película tan horrible como se ha ido comentando -y aberrando- por ahí, pero obviamente está muy por debajo de las posibilidades de una historia que se merecía, en definitiva, otra cosa que la ofrecida por Kassovitz o por sus productores.

Bastante peor es el caso de Passengers, a pesar de que en esta no se ha echado a perder gran cosa, viendo el poco inspirado punto de partida de una película dirigida por el otrora prometedor Rodrigo García, hijo del novelista Gabriel García Márquez. Aunque Cosas que diría con solo mirarla tenía detalles bastante interesantes tratándose de un debut, García siguió haciendo más de lo mismo con Nueve vidas, insistiendo en la ya muy pesada idea de entrelazar diferentes historias y conectar finalmente a sus personajes, demostrando a su vez haber heredado buena parte del legado de su padre, especialmente en lo negativo, por la densidad de sus guiones y el excesivo retrato de sus personajes, demasiado elaborado y más bien plomizo. Después del inmerecido batacazo de la serie Seis grados, que mantenía exactamente la misma idea que las otras dos películas, aunque esta vez bajo el sabio amparo de J.J. Abrams, García se pasa al cine comercial, y la verdad es que el cambio no le ha sentado nada bien.

Passengers es una extraña mezcla entre el cine dramático de personajes y la intriga, cuyo problema principal radica, aparte de en lo insulso de su historia, en sus serias dificultades para mantener al espectador atento durante un metraje no muy extenso que, sin embargo, acaba por resultar excesivo. Si bien en su inicio todo parece apuntar hacia algo más digno, García pierde el rumbo completamente, demostrando que el ritmo nunca ha sido su mejor aliado, y llenando el guión de situaciones de relleno que aportan poco o nada a la historia, así como un halo de misterio bastante ridículo que, en la mayoría de las ocasiones, levanta indiferencia por encima de todo desconcierto. Resbalón del director y todo un trasìés para su actriz principal, Anne Hathaway, últimamente metida en producciones de peso 'hollywoodienses'. Lástima, también, que un buen actor como David Morse no pueda optar a mejores papeles y tenga que estar condenado a hacer el ridículo en títulos tan olvidables. La guinda al pastel: un final efectista, presuntamente de sorpresa, que, en lugar de conseguir llevar el producto hacia cotas más altas, lo único que hace es terminar de hundirlo. Una pérdida de tiempo, y a su vez el entierro creativo de un "cineasta" que apuntaba maneras y se ha quedando estancado en lo mismo. O peor.

miércoles 24 de septiembre de 2008

Y, de repente, los fuegos artificiales

Tiempo de ferias. No me divierten tanto, la verdad. Antes se podía ir tranquilamente por donde te saliera de los mismísimos, pero ahora está todo apestado de gente, por la noche mayoritariamente "canis", de esos que, como las tribus indígenas, llevan su gorra tan alta como su rango dicta. Ahora, a tíos raros -o de pinta estrambótica- como nosotros solo nos queda hacer botellón en los jardines mientras blasfemamos y, hasta hace poco, podíamos asistir a los conciertos del grupo de rock que viniera gratis. Sin embargo, este año, en vista del escaso entusiasmo que causan dichas bandas por estos lares, el Ayuntamiento no ha traído ni siquiera a Medina Azahara, que ya han venido unas cuantas veces. Así pues, el pasado viernes, después de un desapasionado pregón y un montonazo de fuegos artificiales, estuve con unos amigos tragándome a Jarabe de Palo (los del 'Depende' y 'La flaca') y, aunque es un grupo que me cae simpático, llegué a la conclusión de que no deben de calentarse mucho la cabeza componiendo. ¡Si todas sus canciones son idénticas!

Lo demás, poca historia. Me cansé y no asistí tanto como otros años. Únicamente fui de nuevo un bonito y caluroso mediodía a las cañas y me despedí para acabar regresando, no muy convencido, el último día oficial para ver a una banda a la que me arrastraron, unos argentinos que llevaban un puñado de tiempo girando por todo el mundo, Dios Salve a la Reina, que se dedican a homenajear a Queen imitando su estética y verisonando con la mayor fidelidad posible sus clásicos. ¡El caso es que estuvieron enormes! Mientras en la otra plaza, en ese mismo instante, el payasete de moda en el mundo del rap, Porta, salía escopetado ante el hostil recibimiento de un público no muy entusiasmado con la idea de escuchar bobaliconadas, un puñado de privilegiados asistíamos a uno de los más interesantes espectáculos musicales vistos por aquí en mucho tiempo. Se dieron cita todos los grandes clásicos, incluso 'Radio Ga Ga', aunque tal vez se echara de menos 'Don't stop me now'. El único punto negativo: la frialdad y brevedad del asunto, y el hecho de que los integrantes, canciones aparte, se mostraron algo distantes con el público.

Buena alternativa a las ferias y a escribir en este blog -lo sé, la cosa se está volviendo desastrosa, no hace falta insistir en ello- es la misma que proponemos los de siempre: camuflarnos en la oscuridad de una sala de cine. Recientemente -más bien hace un par de semanas-, tuve ocasión de ver Wanted, y, para mi sorpresa, se trata de una notablísima película de acción. Obviando que no existe mucha fidelidad con respecto al cómic -elemento bastante lógico teniendo en cuenta que su concepción fue paralela-, la película logra enganchar desde sus primeros compases hasta su necesariamente descabellado final.
Bekmambetov, padre del no especialmente aplaudido díptico de Guardianes..., cimenta su sólido entretenimiento sobre el "todo vale", regalándonos, entre tanto, piruetas imposibles, secuencias a cámara lenta, balas que van y vienen y, en definitiva, un espectáculo desmedido que entusiasma. Con reconocibles ecos de Matrix y Fight Club, sus guionistas no parecen tener miedo a la hora de hablar en voz alta de rebeldía y de lucha, embutiendo su mensjae en un contexto terriblemente original. Todo un descubrimiento, pero ¡no dejen de leer el cómic!

Un interesante "opuesto" en cartelera lo encontramos con Los extraños. Si en Wanted su director parece dispuesto a reinventar las pautas y cimientos del cine de acción convencional elevando, para ello, el espectáculo y los fuegos artificiales a la máxima potencia, Bryan Bertino, con su debut en la dirección, parece buscar lo mismo dentro del cine de terror, aunque con distintas maneras, reduciendo al mínimo los elementos con los que crear una atmósfera digna del género. Se podría decir que lo consigue a medias, aunque sus logros no dejan de ser meritorios. Hay hallazgos muy interesantes en el conjunto, como el tocadiscos, arma precisa a la hora de crear el desconcierto y la confuisión de la que se aprovechará el director más adelante. El problema está en que la manera de rodar no resulta del todo original, y parte de su atractivo pertenece a otro film del que Los extraños se revela deudor, el interesantísimo Ils de David Moreau y Xavier Palud.
La película, de todos modos, resulta muy entretenida -tal vez debido a su escasa duración-, mostrándose, por momentos, escalofriante y capaz de imponerse, sin problemas, a otros títulos de cercanas pretensiones estrenados en los últimos tiempos, aunque el propio Bertino acaba tirando por tierra su digno trabajo con unos minutos finales bastante flojos, en los que utiliza todo el efectismo que había dejado aparcado en momentos anteriores. Su inverosímil, barata, rastrera e innecesaria secuencia final deja un sabor de boca malo que no hace justicia a lo visto anteriormente, aunque tal vez debería servir de lección a más de uno para demostrar que una interesante realización puede quedar sepultada si no se sabe rematar del todo bien.

Entre tanto, Woody Allen por fin ha estrenado su esperadísima última película tras su inesperado "éxito" taquillero en tierras norteamericanas, donde ya ha superado los 20 millones de dólares, algo que no ocurría desde Match Point. El nuevo trabajo del neoyorkino, Vicky Cristina Barcelona, ha sido centro de todo un debate -no me refiero al estúpido circo político montado en torno a su presupuesto- entre los fans de su realizador, quienes parecen considerarlo, de nuevo, un trabjo menor en su abultado filmografía. ¿Un trabajo menor? Probablemente, pero eso en Allen ya es peyorativo, y es que ha pasado un tiempo desde la última vez que estrenó una "gran película" y el cineasta, aunque sus temas empiezan a agotarse, se mantiene en forma. Que sí, que ya sabemos que los conocimientos de Allen sobre nuestra cultura se antojan un tanto pobres. También sabemos que la música de Paco de Lucía de fondo es un topicazo, y que los nombres de sus protagonistas son más propios de un culebrón que de la última comedia del hombre que creó la maravillosa Zelig -por citar algún título-, pero si nos olvidamos un poco de sus errores formales y el lamentable doblaje al que se ha visto sometida, estamos ante uno de los guiones más interesantes que ha escrito Allen en los últimos años.
No encuentro, en absoluto, que Cassandra's Dream fuera una mala película -de hecho, me parece bastante curiosa-, ni tampoco creo que Scoop fuera tan floja cuando, que yo recuerde, se trata de la comedia más deliciosa que he tenido capacidad de degustar en tiempos recientes. Vicky Cristina Barcelona propone un interesante episodio más dentro de las comedias románticas de su director. Allen se burla de la monogamia y rebusca dentro de la condición humana su verdadera naturaleza, filosofando una vez más sobre las relaciones, aunque cambiando de tercio e insistiendo en el ya muy popular dicho de que todos somos bisexuales. Cierto que el Woody Allen de ahora no tiene la garra ni la chispa del fantástico guionista de los setenta y ochenta, pero sigue siendo todo un maestro, todavía con las facultades suficientes para estrenar una de las comedias del año aun aplicando la ley del mínimo esfuerzo. Sí, el mejor Allen, el verdadero, el genio, todavía sigue presente en su versión literaria, como demostró el extraordinario Pura anarquía, pero, de vez en cuando, esta incuestionable leyenda viva sigue obsequiándonos a sus seguidores con ciertos apuntes interesantes, esparcidos de la manera más inesperada en títulos tan irregulares como inexplicablemente más atractivos que otros títulos en cartel.

sábado 13 de septiembre de 2008

The winds of change are in the air...

Lo cantaban los grandísimos Judas Priest en su no menos monumental último álbum, y ahora toca echar mano de ello para que me explique.

Como ya habrán visto, llevo un puñado de días sin actualizar. Ha sido voluntario. No es que haya estado tan ocupado como para no responder ni a los comentarios: algún día me he escapado por ahí e incluso he estado implicándome en asuntos en los que jamás pensé que llegara a intervenir, mientras, por supuesto, he seguido viendo cine, leyendo, escuchando "cierto" disco, etc. El caso es que la decisión de pegarme unos cuantos días sin aparecer por aquí se ha visto motivada por una nueva idea que mantendrá vivo al blog un tiempecito de más.

Remontémonos una fracción de tiempo atrás: la reapertura del blog. 'Purgatorio crítico' había conocido su cierre con tan solo un par de meses de existencia debido a la imposibilidad de compaginar todos los follones en los que estaba interviniendo entonces (sí, amigos: hay vida después de esto) con una bitácora de cine, por otro lado, bastante liviana. Cuando llegó el verano, surgieron nuevas ideas y ganas de reactivar el asunto, por lo que decidí ponerme manos a la obra con una reformulación directa de la idea principal que movía este blog. Por supuesto, siempre tuve en mente dar carpetazo a la bitácora en cuanto mi tiempo de descanso cesara y yo me viera obligado a reanudar algunas actividades paralelas. Y ese momento se iba acercando.

Conforme pasaban los días, la idea de volver a cerrar 'PC' para, de nuevo, reabrirlo en el siguiente período estival me parecía cada vez más estúpida. Entonces se me ocurrió una tontería cuya eficacia era bastante cuestionable, pero que, al menos, serviría para que el blog prosiguiera su funcionamiento unos meses más. Esta semana de sequía -que, al final, se me ha ido de las manos y ha durado unos diez días- es una buena muestra de lo que probablemente acabe siendo el blog de ahora en (relativo) adelante. Las actualizaciones serán semanales, y, aunque entiendo las limitaciones que puede ofrecer la existencia de un solo 'post' cada siete días, trataré de concentrar, a mi manera, las novedades que merezca la pena mencionar, como han venido siendo hasta ahora cine, música y literatura. El que surja algo más, solo lo dirá el tiempo. De momento, esto es lo que hay.

Críticas propiamente dichas no se verán por aquí hasta dentro de un tiempo. En su lugar, tengo pensado recurrir a esas opiniones brevísimas que no ofrecen demasiados detalles dentro de lo que es el análisis, pero dejan claro -o, al menos, eso es lo que pretendo- mi punto de vista. Y lo demás seguirá esa tónica. El objetivo es darle algo de cuerpo a este tipo de artículos, cosa que aún no he conseguido -¡tal vez si me lo hubiera propuesto...!-, pero que se intentará hacer.

Después de esto, ¿qué hay de las razones? ¿Un cambio en el blog y no se explica el motivo? ¡Vaya informalidad! Bien. Dentro de nada retomo el instituto. No es una razón de peso: en vista de lo realizado en anteriores años, si este fuera el único asunto que me mantuviera ocupado, sería para celebrarlo. ¡Vayamos al grano! En cuestión de días, voy a asistir a una Escuela de Cine sólo por pura curiosidad. Esto me tendrá atado, calculo, un par de ocasiones a la semana o así -únicamente tengo intención de aprender algunas cosillas sobre dirección cinematográfica y guión, no más-, y, que yo sepa, no soy omnipresente. ¿Entienden la idea?

Pues eso, que a partir de ahora la cosa seguirá marchando como hasta ahora, pero en versión reducida y exclusivamente los fines de semana. Para los períodos vacaciones, como Navidad o Semana Santa, trataré de volver un poco a lo que he ido esbozando este verano; mientras que en los puentes y todas esas fechas en rojo del calendario, trataré de trabajar un poquito más. Y, ya que me he tirado un tiempo sin actualizar solo para dar prueba de ello, lo justo es también escribir las primeras mini-reseñas. Vamos allá:

- Hellboy II: El ejército dorado. Ni caballeros oscuros, ni hombres de hierro ni gigantones verdes ni nada que se le parezca. Guillermo del Toro da la campanada y, con la segunda adaptación a la gran pantalla del personaje de Mike Mignola, se consagra como uno de los más interesantes directores en activo gracias a una fantástica propuesta alejada de la seriedad y pretensiones del sobrevalorado Nolan, toda una carta de amor a ese tipo de cine que entiende el espectáculo como una razón de ser. Y es que la nueva película del director mexicano resulta brillante desde sus primeros minutos, en los que, a través de un originalísimo prólogo, adentra al espectador en la historia del ejército dorado.

Todo un derroche de imaginación, amparado en la extravagante mitología creada por Mignola (un mercado troll, abuelitas que devoran gatos, la muerte alegorizada como una figura siempre dispuesta a negociar...), que logra alzarse, sin problemas, como el mejor 'blockbuster' del verano -aunque, si consideramos a WALL·E como tal, la película de Del Toro se colocaría un peldaño por abajo-, superior y mucho más divertido que El caballero oscuro. ¡Incluso el antagonista acaba por decir verdades de mayor enjundia que la enunciadas por el mismísimo Joker!

Lo consiguieron Spielberg y Lucas, y ahora el director de El laberinto del Fauno se les suma: Guillermo del Toro ha creado una película destinada a las masas sin renunciar a sus principios estilísticos. Chapeau! Valoración final: ····· (sobre cinco).

- Star Wars: The Clone Wars. Era de esperar que, después de que Lucas diera carpetazo final a su saga con un redondo tercer episodio, con el tiempo surgiera alguna posibilidad de estirar más el chicle y, con ello, seguir generando más y más beneficios. Esa posibilidad se hizo realidad cuando George Lucas anunció la creación de dos nuevas series sobre Star Wars: una de animación en torno a las Guerras Clon, y otra, en imagen real, comprendida entre los episodios III y IV, con mayor protagonismo para personajes secundarios sin demasiada relevancia en las otras entregas. Mientras la segunda aún está "en pañales", por decirlo de algún modo, la serie de animación se estrenará en cuestión de meses. Sin embargo, The Clone Wars supone una especie de adelanto con respecto a lo que veremos pronto en televisión: según han reconocido sus responsables, se trata de un lujoso episodio piloto que juega un poco con la idea que moverán los inminentes dibujos animados.

La trama vuelve a dar otro giro, y ahora será Anakin quien tenga la posibilidad de ejercer de Maestro -sin serlo en absoluto-, al contar con una 'padawan' debido a una decisión de Yoda. En medio de las Guerras Clon, mentor y aprendiz tratan de infiltrarse entre el ejército de los clones para rescatar al bebé de Jabba, quien cree que su hijo ha sido secuestrado por los Jedi. La película no aporta demasiado a la saga pero no deja de ser Star Wars, con todo lo que ello conlleva. Esto es, pues, que la película no es absoluto aburrida, sino que, al estar orientada en mayor medida a un público infantil, sus responsables se dejan por el camino -agradecidamente- la verborrea y el contexto político, tratando de ir más al grano. Esto no quita que ciertos personajes, como es el caso de Ashoka, resulten insoportables.

Sin embargo, la trama es más clara, se dan las justas dosis de acción y no deja de entretener y divertir en ningún momento, siempre y cuando se sepa ver como lo que es. Por cierto, ¿qué demonios es esa versión de chiringuito que han hecho con la magnífica pieza de John Williams? V.F.: ··· (sobre cinco).

- Che, el argentino. Con esta película sucede algo que me llama especialmente la atención: las críticas más demoledoras que he leído hacia ella provienen de gente que ¡no la ha visto! ¿La razón? No creo que haga falta explicarla. Simplemente, por lo que veo, hay personas que no terminan de entender lo que, realmente, representa la utilización de la figura del 'Che' Guevara como icono popular: ni más ni menos que un ensalzamiento de sus absolutamente respetables ideales, no de sus actos. Es imposible llegar a un acuerdo entre dos polos ideológicos, que podrían y de hecho se sentirán divididos ante la nueva película de Soderbergh, por lo que, como no tengo intención de convencer a nadie de nada, hablemos de la película. Está bastante bien, pero ¿qué le ocurre? Ni más ni menos que lo que yo apuntaba al principio: la dirección que toma Soderbergh para contar la historia no se antoja del todo acertada.

La cosa queda un poco descompensada porque el director de Traffic parece querer decir mucho sobre las ideas de su protagonista, sobre muchas de las cosas que representa, pero se queda corto porque parece más preocupado en rodar un documento definitivo, algo megalómano, sobre el Che como revolucionario en lugar de como persona. La voz en 'off' del personaje se manifiesta durante toda la película; el director alterna la acción con la intervención del protagonista en conferencias, entrevistas o en discursos como el de la ONU. Sin embargo, parece que Soderbergh quiere contentar a todos al no mojarse en ningún aspecto del personaje. Resta crudeza a muchas de las opiniones del Che manifestadas a lo largo del film, y, a su vez, no presta mucha atención a ciertos aspectos negativos del personaje, como su creencia en la pena capital, que solo aparece levemente esbozada. Por otro lado, el corte sufrido por la película -en realidad, su duración era de cuatro horas y media y finalmente se ha visto convertida en una forzosa duología- es bastante notorio.

La introducción es bastante larga -¡casi una hora!-, con ciertos momentos tediosillos, pero luego mejora notablemente, y escenas como la del tranvía dan clara muestra de una planificación asombrosa. El empaque que el director ofrece a algunas escenas resulta modélico. El problema es que Soderbergh es de los que dan una de cal y otra de arena. Habrá que esperar a ver el resto del metraje, Guerrilla, para valorarla en su conjunto, pero de momento podemos hablar de un título decente, sin la extraña épica que parece prometer en sus avances publicitarios ni la carga política a lo Oliver Stone de la que merecería haberse impregnado, pero con los valores justos como para no ser, de ningún modo, deplorable. V.F.: ··· (sobre cinco).

Todo esto en lo referente al cine. La próxima semana, más, aunque, si quieren, hablamos de Mr. Magorium y su tienda mágica en los comentarios, que acabo de verla y la tengo bien fresca. ¿Alguien se anima?

Cambiemos de tercio. Por fin, tras años de espera, Extremoduro ha publicado esta semana un nuevo disco, La ley innata. Algunos de los fans del grupo parecen haberse sentido decepcionados ante la estrambótica nueva propuesta de Robe y los suyos, dado que se desmarca, en el estilo musical, de los anteriores discos. Créanme si les digo que esa decepción que muchos se empeñan en manifestar es de todo menos justificable. Aunque existe una evolución clara desde sus primeros álbumes hasta llegar a este, las principales inquietudes del letrista y alma del grupo se vuelven a dar, de nuevo, en La ley innata. Como viene siendo habitual, su nueva canción (leen bien: únicamente contiene una canción, a lo Pedrá, dividida en seis pistas) vuelve a insistir en los temas principales del grupo, aunque la extraña poesía de Roberto Iniesta aparece más potenciada en este nuevo disco que en cualquiera de los anteriores. Su cantante descuida toda métrica y estructura musical y decide hablar de temas completamente universales a lo largo de los más de 45 minutos que dura, motivado por sus últimas incursiones en el terreno de la Filosofía, y, en especial, por una cita de Cicerón que aparece reflejada en la portada del disco.

El resultado es un álbum tan experimental como sugerente, emocionante desde sus primeros compases hasta la impensable coda flamenca, en la que vuelve, de nuevo, a las ideas expresadas en su introducción y redondea el disco de manera notable. En los cuatro movimientos intermedios, el oyente escucha a Extremoduro en todas sus facetas, desde el embrollo mental (¿resacoso?) hasta la más humana reflexión, con tiempo suficiente para la rabia y la ira que, en mayor medida que nunca, desprende la asombrosa 'Lo de dentro'. Un disco increíble, original y, en definitiva, imprescindible, con el que el grupo se atreve a dar un giro completo, a caballo entre la necesidad de hacer algo diferente y las ganas de desafiar a sus imitadores. ¿Es el mejor de Extremoduro? Solo el tiempo lo dirá. De momento, lo único que puedo asgeurar es que nunca un disco del grupo me había dado tan buenas vibraciones desde su primera escucha. Puede que no sea de locos pensar en cualquier tipo de reconocimiento. ¿Es pronto para hablar de premios?

martes 2 de septiembre de 2008

¡Puños fuera!

Aunque aspiraba a ser la comedia del verano, Zohan: Licencia para peinar, la última película estrenada bajo el sello Apatow (que no parece vivir sus mejores momentos en taquilla, tras arrasar el pasado año con sorpresones económicos de la talla de Superbad y Knocked Up), se ha tenido que conformar con amasar una nada desdeñable aunque quizás decepcionante cifra cercana a los 100 millones de dólares. Más de uno argumenta que, tal vez, la considerable bajada de estas producciones se debe principalmente a que el público empieza a cansarse de ver más de lo mismo dentro de este género. No obstante, aunque Zohan no sea una película destinada, precisamente, a reinventar los pilares del género, hablamos de una de las películas más "puras", por decirlo de algún modo, que han surgido no solo dentro del colosal imperio forjado por el director de Virgen a los 40 en apenas unos años, sino en la filmografía del irregular Adam Sandler, cómico con notable tirón en su país de origen y escasa pegada por estas tierras -aunque, en este caso, haya sucedido a la inversa y el número 1 lo haya conseguido aquí, apenas una semana después del estreno de El caballero oscuro-.

Tras los últimos fracasos, más bien relativos, de Sandler en la comedia, su amigo Judd Apatow -compañero de piso suyo cuando iban a la universidad- decidió reencauzar al cómico con una película "a su altura". Para ello, le forzó a redactar un guión a partir del personaje protagonista, que llevaba unos ocho años en su tintero de creaciones. ¿El resultado? Una comedia, cuanto menos, estrambótica, eficaz durante gran parte de metraje pese a acabar saturando al espectador por culpa de su excesiva duración. En contra de lo que su material promocional puede llevarnos a intuir, la película tiene virtudes más que respetables, aunque todo queda un tanto lastrado debido a que no existe demasiada "armonía" en el conjunto. Adam Sandler crea un espectáculo a su medida, aunque el guión es rico en personajes y, en más de una ocasión, estos se acaban comiendo la película. De entre estos personajes, algunos no tienen excesiva importancia y, sin embargo, aparecen demasiados minutos en pantalla. Por contra, el antagonista oficial de la película, interpretado por un genial John Turturro, tan solo aparece en momentos muy puntuales.

Dennis Dugan, su director, muy habituado a trabajar con Sandler, también es un tipo con una carrera algo desigual. Con la comedia "negra" le ha ido más o menos bien (la archi-repetida Este chico es un demonio, injustamente denostada por sus innecesarias secuelas, o la inenarrable Beverly Hills Ninja son claros ejemplos de ello), pero por lo general ha tenido demasiados altibajos para considerarle un realizador fiable. En Zohan, su trabajo resulta más bien discreto, debido a que, realmente, parece afrontarlo con cierta indiferencia. En lugar de querer complementar su guión al traducirlo en imágenes, se limita a "transcribirlo", sin demasiados aportes, dejando a las estrellas huérfanas frente a la cámara. Y, finalmente, estas son las que le sacan del embrollo.

La película se abre con un prólogo modélico en terrenos de la comedia absurda. Toda una presentación, que utiliza como blanco principal los tópicos del cine de acción y espías al más puro estilo James Bond y nos muestra la vida y obra de un agente del Mossad dedicado a eliminar palestinos.

Aunque en ningún momento reniega de su carácter humorístico, la historia está sorprendentemente bien construída. El problema de su guión es que no puede evitar caer en el tópico, y su director no pone demasiado empeño en arreglarlo, dándose situaciones ciertamente trilladas. Afortunadamente, el talento para la comedia de muchos de sus implicados es innegable, y consiguen dar con hallazgos de considerable valía, aunque, pese a la hilaridad de muchos de sus diálogos, la película funcione mejor en lo visual que en lo verbal (o quizá es que el hecho de haber tenido que soportarla doblada le haya restado puntos en este aspecto, eso no lo sé). Hay gags sin demasiada gracia, otros excesivamente repetitivos, aunque también hay momentos en los que la carcajada flora sin problema, pese al acentuado tono vulgar del que, en lugar de avergonzarse, presume el conjunto. Es el caso del primer trabajo como peluquero del protagonista, de marcado carácter sexual -por supuesto, en clave de humor-, tontería de brillante ejecución que acaba repitiéndose hasta la saciedad en una escena posterior zafia, excesiva, pero a fin de cuentas memorable.

Aquellos que no soporten la inclusión de chistes escatológicos, sexuales, carentes de toda decencia, no encontraán asilo en una comedia que, por momentos, quiere hacer apología de ellos: en medio de todo el conflicto entre Oriente Medio, Zohan: Licencia para peinar anima a los enfrentados a dejar de luchar y empezar a fornicar entre ellos. El otro mensaje implícito de la comedia deja claro quién pone la pasta, con una metáfora "romántica" que, más que parecerse, es idéntica a una de las perlas finales de la notable Forgetting Sarah Marshall -la cual, según las últimas noticias, parece que contará con un 'spin off' basado en el personaje de Russell Brand, en el que volverá a aparecer su protagonista y repetirá en la dirección Nicholas Stoller). Resumiendo, aunque no es una comedia precisamente redonda y cuenta con demasiadas desigualdades para poder aspirar a ser la comedia del año (su final es demasiado extenso, el cameo de Mariah Carey es una imbecilidad...), resulta una interesante curiosidad, capaz de dejar un tanto desconcertado al espectador en sus pasajes más burdos, pero afrontada de un modo desenfadado, con mala leche, mucho sentido del humor y con cierto alma, lo que la separa, afortunadamente, de las gilipolleces anuales de Friedberg y Seltzer.

Nivel de diversión: Alto.
Para aficionados a...: La comedia arriesgada en sus ideas, extrema en sus planteamientos, más o menos al estilo de Borat (aunque la película de Cohen tenía un material y un formato más original y ácido que el de Sandler). No es que el argumento tenga mucho que ver, por ejemplo, con Desaparecido en combate, pero no hay duda de que Zohan es lo que pasaría si el endiosado Chuck Norris fuera judío.
Valoración final: ··· (sobre cinco).

En vista de las últimas tonterías protagonizadas por Nicolas Cage -el último título interesante que protagonizó fue El señor de la guerra, en 2005-, no era muy difícil que, tarde o temprano, el actor realizara un trabajo por encima de su media con el que superar sus últimas debacles. Bangkok Dangerous no es el título que los pocos fans que le quedan a Cage soñaban, pero, por suerte, ya está un peldaño por encima de títulos como Ghost Rider. Los hermanos Pang llevan a cabo el 'remake' de la obra por la que empezaron a obtener cierto renombre, pero sorprende el modo en que lo hacen: si bien en la película Muerte en Bangkok (título que aún no he tenido oportunidad de ver: pregunto en tiendas especializadas y me dicen que está descatalogada, miro en Internet y no la encuentro...) el protagonista era sordomudo, con este 'remake' parecen haberse ceñido, del algún modo, a los cánones del cine 'hollywoodiense' realizando lo que, para muchos, sería una adaptación irrespetuosa, pero... ¿perpetrada por sus propios padres?

Con estos antecedentes, no es difícil imaginar que el dinero es lo que ha movido a los hermanos a volver a dirigir una de sus películas de mayor éxito (únicamente, esa y The Eye, explotada luego con un par de secuelas, han llegado a funcionar de verdad). Ahora, el protagonista es Nicolas Cage -quien, por supuesto, no es sordomudo, sino que habla por los codos, ya sea de forma natural o en off-, acompañado de un asiático, al que instruye vagamente a lo largo de la película, y que, faltaría más, se encarga de poner la nota de humor a la película. La sordomudez pasa a ser la deficiencia de una joven empleada de una farmacia que compartirá con Cage una especie de historia romántica paralela a todo el jaleo. Aunque el argumento ha sido moldeado de tal manera que, lo que antes era rocambolesco, ahora resulta convencional, la película tiene valores, cuanto menos, extraños en su conjunto. La trama alcanza extraños toques de misticismo, mientras que los Pang otorgan al guión dimensiones impropias del género.

Sin embargo, aunque tiene numerosos valores que deberían convertirla en una película de acción más compleja y, por qué no, interesante, la realización de los Pang es cerrada y, en lugar de aprovechar ciertas posibilidades ofrecidas por un libreto del que ellos mismo son autores, quieren enfocarlo todo de forma videoclipera, de modo que dentro del film nada parece corresponderse. Bangkok Dangerous rezuma una poesía extraña y muy oriental, con una iconografía que va desde los elefantes hasta la lluvia y que, sin embargo, no termina de encajar dentro de una película que, por momentos, no sabe si es un 'blockbuster', acción 'mainstream' o una tragedia oriental. De sus virtudes es imposible discutir: convierte, en una escena muy puntual, el asesinato en arte partiendo de la sordera de una de sus protagonistas, y algunos detalles de dirección son magníficos. No obstante, acaba resultando pedantilla e incluso torpe. Sus directores se acaban perdiendo en el amplio universo que ellos mismos crean y, al final, acaba por rozar la hecatombre por culpa de la precipitación a la que someten las supuestas cartas que se guardan bajo la manga. Lo que en otras circunstancias habría resultado muy curioso, muy Oldboy, aquí acaba por resultar ridículo, debido a que los Pang no parecen saber introducir sus buenas ideas en un conjunto demasiado abrupto para tener poesía.

Tampoco parece poner mucho de su parte un Nicolas Cage ligeramente más expresivo que en sus últimas incursiones en el género, aunque todavía sin convertirse en el héroe de acción que se empeñó en ser desde que protagonizó La Roca. El actor, de nuevo con uno de sus peinados "a la última", trata de otorgar cierto carisma y algo de verosimilitud a la película, que acaba por tomarse demasiado en serio su convencional punto de partida, embarullado de tal manera que se antoja, por lo general, un galimatías de escaso atractivo, reiterativa, un tanto tediosa, rutinaria y sin demasiada gracia. Una auténtica lástima que, para una vez que se parte de un punto interesante, existiendo la posibilidad de crear algo distinto y, de paso, resucitar el cadáver interpretativo de Cage, el trabajo esté realizado con tanta desgana y tan poca claridad que acabe rozando lo mediocre. Otra vez será, Nick.

Nivel de diversión: Medio.
Para aficionados a...: Las películas de acción que se ven en hora y media, y se olvidan en algo menos. Pese a lo atractivo de su material, Bangkok Dangerous no deja huella alguna en un espectador que, por momentos, se sentirá desconcertado ante el extraño espectáculo servido por sus directores, y culminado con un final a la "altura" de las circunstancias. Los seguidores del cine de los Pang encontrarán motivos para sentirse decepcionados y esperar a que, después de The Messengers y esta, vuelvan a Asia.
Valoración final: ·· (sobre cinco).

Por cierto, parece ser que las viejas leyendas del rock viven un momento de especial creatividad y, si hace unos días dejaba caer por aquí el nuevo 'single' de AC/DC, hoy me entero de que Metallica ya ha colgado tres de los diez temas de su nuevo disco, Death Magnetic, en Internet: 'The Day That Never Comes', 'My Apocalypse' y 'Cyanide'. No me han disgustado, aunque siempre he dicho que Metallica no es, precisamente, de mis bandas favoritas. Bueno, y entre tanto ya solo faltan seis días para lo nuevo de Extremoduro. La que se va a liar por aquí...
¡Ah! Y otra cosa: ¡Tenemos nueva encuesta, que últimamente les veo muy poco participativos!

miércoles 27 de agosto de 2008

Llegó la caballería

Nadie puede negarlo. El caballero oscuro (The Dark Knight) se ha convertido, con pasmosa facilidad, en la película más popular y comentada del verano, seguramente también del año. Ha conseguido amasar una taquilla asombrosa en su país de origen, con casi 160 millones en su primer fin de semana, manteniéndose prácticamente un mes como lo más visto, frente a la llegada de estrenos tan potentes (comercialmente hablando) como La momia: La tumba del... Al público le ha gustado una barbaridad, sobre todo a juzgar por su rendimiento y la avalancha de votos de altísima puntuación en diferentes portales de cine: sin ir más lejos, en IMDb llegó a figurar como la mejor película de la historia en base a la opinión de sus visitantes, aunque ahora haya descendido un par de posiciones. Además, la crítica también ha contribuído a ensalzar la producción, en ocasiones, a través de medios más que respetables que la han situado como uno de los fenómenos de nuestro tiempo. Y es que la película, a día de hoy, es la segunda que más dinero ha recaudado en el mercado doméstico (USA), justo por debajo de Titanic -aunque, si tenemos en cuenta que el precio del cine ha subido y valoramos las más taquilleras por el número de entradas vendidas, la película tan solo figuraría en una digna 39ª plaza-.

Tiene mérito, para qué vamos a engañarnos. Incluso los que no hemos quedado del todo satisfechos con la última adaptación de uno de los superhéroes emblema de DC Comics, Batman, hemos de reconocer que Christopher Nolan ha realizado un trabajo lo suficientemente atractivo como para seducir a las masas sin abominar a los expertos en esto del séptimo arte. El director de Memento explota las posibilidades surgidas a partir de Batman Begins, fiel a su intención de desmitificar al personaje, "humanizarlo" y reformular las reglas -por decirlo así- del género superheróico. Lo que antes era toda una amalgama de golpes, espectáculo cuasi vitalista, villanos de caricatura y doncellas en apuros siempre rescatadas en el (único) momento exacto, se ha convertido ahora en una especie de derivado del cine negro no lo suficientemente afortunado aunque con ciertas ideas de interés en su planteamiento. Nolan y sus guionistas trazan un estupendo retrato del Gotham más desolador que se haya visto nunca en cines. Una ciudad al borde de la anarquía, con sus temerosas gentes echadas a las calles, la corrupción aflorando cada vez más y el "terrorismo" alcanzando, de algún modo, sus más altas cotas de criminalidad.

La otra gran baza de la película es la atención -e incluso mimo- que presta hacia sus dispares antagonistas. Como toda segunda entrega que se precie, el director ha afrontado la secuela otorgándole un tono mucho más oscuro y, de este modo, ha intentado profundizar en estos aspectos, igual que hizo George Lucas hace casi treinta años con la modélica El Imperio contraataca. El problema es que Nolan no es George Lucas, ni tampoco Francis Ford Coppola. Está bien que un realizador tenga referentes tan destacables y trate de homenajearles y hasta brindarles algún guiño, ya sea a través de la dirección o de la estructura de su guión, pero, sin embargo, su ambición ha ido más allá y se ha querido acercar a sus modelos. Tanto que, al final, la mayor deficiencia de El caballero oscuro no son sus reconocibles desigualdades en el conjunto, sino la impersonalidad y relativa elegancia que el director impregna a su película. A pesar de ser presumiblemente distinta a la inmensa mayoría de películas de superhéroes, si hablamos de cine realmente Nolan no aporta tanto con esta nueva visión del personaje.

La fortaleza de su pulso narrativo es incuestionable, pero los guionistas se quedan prácticamente sin tiempo y con demasiados folios como para desarrollar aún más una historia que parece pedir a gritos otro tratamiento. Se centran más en las cuestiones éticas y morales que envuelven a sus personajes principales a lo largo de la película y se olvida de dar verdadero y sano espectáculo en detrimento de cuatro explosiones, una música atronadora y demasiada grandilocuencia. Al final, solo es una película (bastante) entretenida con pretensiones muy superiores a las de Superman -por cuya entrega inicial de Richard Donner me sigo decantando frente a producciones como esta- o Hulk, pero no con una calidad mayor, al menos por lo general.

Afortunadamente, hay personajes que parecen luchar por imponerse entre tanta trascendencia barata. No es el caso de Bruce Wayne, con el que el director cree haber terminado tras "deconstruirlo" en Batman Begins, pero sí el de la estrella de la película, el Joker, reclamo principal de la película en taquilla, tanto por el atractivo del personaje como por el triste destino sufrido por el actor en Enero de este mismo año. Heath Ledger está inconmensurable en el que será su papel más recordado: el actor borda una creación brillante de la que solo se puede disfrutar en su totalidad con la versión original. El personaje representa el mayor foco de atención de la película, algo perfecto para las intenciones de su director, pero los guionistas se interesan tanto por él que profundizan en demasiados aspectos de su psicología (detalle ciertamente peligroso cuando hablamos de una producción tan comercial), descuidando, quizá, al resto. Los demás resultan un tanto forzados: la evolución del personaje de Harvey Dent no está tan conseguida como algunos parecen indicar, y de los secundarios apenas hay noticias. ¿Por qué se presta tan poca atención al alcalde?

Otro aspecto a destacar es la escasa naturalidad del conjunto. Algunas cosas se antojan muy obvias, cercanas a lo teatral, y los diálogos, bastante falsos. La mayoría son excesivamente moralistas, casi didácticos, y no resultan nada creíbles por la sencilla razón de que, o están demasiado bien construídos, o son discursos en toda regla. ¡Luego criticamos al cine argentino! Muchos han destacado el monólogo final de uno de sus principales personajes, pero realmente es de lo más precipitado. Sin embargo, el montaje, tanto de esa escena como de la propia película, es espléndido, de modo que momentos más bien risibles de la película quedan maquillados a la perfección. Por no hablar de la tontería cerca de lo 'jigsawiano' de los barcos en su final, algo rebuscado y demasiado obvio como para tener el calado "social" que quiere darle el director.

Es un entretenimiento decente, pero se queda a medio gas y, definitivamente, no funciona como debería o como realmente quisiera Nolan. Se agradece que se estrenen películas que hagan a los espectadores plantearse algo, pero El caballero oscuro se hace preguntas ella sola y no responde a ninguna, y, si lo hace, siempre es de la manera más previsible -o a través de diálogos rimbombantes-. Lo mismo da, es abrir círculos para luego no cerrarlos. Simples curvas. Puede ser una de los más eficaces divertimentos del verano, pero dudo horrores que tenga tanta miga como para verse situado entre las mejores películas de superhéroes jamás realizadas. Probablemente suponga un referente destacable dentro del amplio mosaico de adaptaciones y estilos experimentados por el personaje a lo largo de su trayectoria cinematográfica -de la que, por cierto, reivindico a Burton-, pero fuera de ello, es una superproducción muy vinculada a ese truco del lapicero visto al principio: demasiado tramposa para considerarla "mágica".

Nivel de diversión: Alto.
Para aficionados a...: La humanización de iconos del cómic, aunque, más que para aficionados, lo correcto sería indicar que es una película para aquellos que, por lo general, no soportan las películas de superhéroes o su tono habitual. Es diferente, pero creo que los más experimentados en los diversos géneros (sobre todo cine negro) que parece querer tocar Nolan se darán cuenta de que algo falla.
Valoración final: ··· (sobre cinco).

Algo más de fortuna ha tenido en su adaptación el musical Mamma Mia! Sin ser mejor que muchos de los principales títulos que han alcanzado el éxito este verano en taquilla, la película cumple sus objetivos previstos gracias a una puesta en escena un tanto descuidada a la par que festivalera: su directora, Phyllida Lloyd, no ha jugado demasiado con las posibilidades que ofrecía la gran pantalla para el traslado del musical, y todo se antoja demasiado abierto, desordenado, precipitado... ¡Que me aspen si no es magia que una película así funcione! Lo normal sería reconocer que es un desastre, ni siquiera los actores cantan demasiado bien. El caso es que, muchas décadas después de que ABBA triunfara, ya sabemos que las canciones de la banda de origen sueco resultan igual de atractivas en cualquier contexto.

Lloyd ya ha aprendido la lección: lejos de corregir las imperfecciones que pudiera tener su obra original -ella misma fue quien dirigió Mamma Mia! en Broadway-, por momentos parece potenciarlas hasta convertir las mismas en elementos indispensables para el disfrute del film. Suena absolutamente disparatado, pero si algo se agradece en un musical es que hasta el apuntador se suelte la melena. Por supuesto que no voy a poner mi propia credibilidad en cuestión afirmando siquiera que es el mejor musical en lo que va de año -y menos cuando, hasta hace unos meses, tuvimos en cartel una delicia como Sweeney Todd-, pero es que, afortunadamente, sus pretensiones no van más allá de hacer pasar un buen rato a los espectadores osados que se olviden de sus prejuicios y pasen a ver una chorrada, sí; pero, ante todo, una chorrada autoconsciente.

Ni durante un solo minuto de metraje se toma a sí misma en serio. Eso, en algún momento, pasa factura, pero los personajes (y, sobre todo, los actores que los encarnan) son presumiblemente carismáticos, lo que ayuda a sintonizar con el film en cuestión de tiempo. Su tramo inicial, de hecho, parece traer consigo algo insufrible: ciertamente, cuesta captar el enfoque que Lloyd le da. Los primeros apuntes que conocemos de la trama remueven las tripas a cualquiera, para qué vamos a engañarnos. Todo suena muy convencional y, en ciertas ocasiones, algunas piezas musicales están insertadas -o presentadas- de forma hilarantemente obvia. Sin embargo, aunque de vez en cuando tenga que caer en la autoparodia para resultar complaciente, la película consigue finalmente que el espectador se olvide de toda formalidad y la película enganche.

¿Para qué vamos a criticar la película de efectista cuando eso es lo que busca? ¿Para qué vamos a vertir ríos de tinta insistiendo en que la trama está muy sobada? Todo eso ya lo sabemos. Claro que nos gustaría que tuviera alguna locura a lo John Waters, pero nos tenemos que conformar con la subtrama de Colin Firth. Y se acepta. Cierto que algunas coreografías dejan algo que desear, pero hay secuencias poderosas y algún plano general estupendo -siempre en medio de algún número-. Además, el reparto es impagable: olvidándonos un poco de mencionar lo increíble que es Meryl Streep y el hecho de que, sin duda, puede hacerlo todo, la sola presencia del trío de caballeros parece desprender, por sí sola, un humor socarrón inaudito.

A Skarsgard ya es tarde para andar descubriéndolo, y más cuando ha demostrado ser un intérprete magnífico en títulos tan recientes como Los fantasmas de Goya o incluso la saga Piratas del Caribe. Colin Firth nunca ha sido santo de mi devoción, pero consigue estar a la altura de las circunstancias. Bueno, y Pierce Brosnan siempre ha sido un tipo admirable: se le perdona que cante como un sacerdote gregoriano ronco, él -uno de los más fieles seguidores del legado del gran Michael Caine- es único a la hora de encarnar papeles de este corte. Mención aparte para la joven Amanda Seyfried, más que correcta actriz, con un timbre de voz precioso.

Buenas noticias, compañeros: Mamma Mia! La película no es tan bochornosa como todos nos esperábamos y, aunque carece de las suficientes virtudes como para ser considerado un musical "importante", resulta simpática en (casi) todo momento. Sin ser de uno de los imprescindibles del año, el trabajo de Phyllida Lloyd se revela como uno de los más eficaces y honestos entretenimientos del verano. Honestos y especialmente generosos cuando hablamos de una película que incluso tiene el detalle de regalar unos bises durante los créditos con la canción que más se extrañaba y menos encajaba en la historia.

Nivel de diversión: Alto.
Para aficionados a...: ABBA, por supuesto. No es factible al cien por cien que los amantes más quisquillosos del musical queden del todo satisfechos (no hablamos precisamente de un West Side Story), pero quienes no tengan demasiadas preocupaciones ni cosas mejores que hacer lo pasarán bien. Claro que se echa en falta algo de excentricidad en su propuesta, pero se ha enfocado a un sector demasiado amplio del público como para que se atrevan a experimentar con cosas así.
Valoración final: ··· (sobre cinco).

Y, hablando de música, este año aparecerá, tras mucho tiempo de espera, el nuevo disco de AC/DC, Black Ice. Hoy, por fin, ha salido el más que prometedor 'single' de adelanto, 'Rock 'N' Roll Train'. Disfrútenlo.

martes 19 de agosto de 2008

Máquinas... ¿de matar?

Finalmente, ni los Coen, ni P. T. Anderson, ni mucho menos Nolan (oh, por favor...). La mejor película del año, esta vez, viene servida en bandeja de plata por ese estudio cinematográfico que, cada vez que estrena un nuevo trabajo, parece destinada a cambiar nuestra concepción del cine de animación por siempre jamás.

Decía Brad Bird, director de las asombrosas Los Increíbles y Ratatouille, en un reciente entrevista, que uno de los mayores objetivos de Pixar era borrar de la mente del espectador esa asociación de ideas que une a la animación con el cine infantil y, realmente, se considerase una técnica en lugar de un género. Bajo este planteamiento, el estudio ha dado un paso de gigante con la magnífica WALL·E, su mejor título hasta la fecha, que olvida por completo todos los cánones del que hasta ahora estaba considerado un tipo de cine especialmente orientado a los críos sin por ello abominar a los adultos, y acepta, del primer minuto al último, su condición de auténtica ciencia-ficción. Ahora, Pixar tiene la irrepetible ocasión de que ese paso de gigante se convierta en todo un salto si, tal como se han encargado de pronosticar los más avispados, decide presentar su último trabajo, de cara a la próxima ceremonia de los Oscar, en la candidatura de Mejor Película, olvidándonos un poco de esa apostilla ("...de Animación") que viene después.

Dejando de lado este aspecto, realmente es difícil ver WALL·E sin que la obra maestra de Stanley Kubrick, 2001: Una odisea del espacio, ronde por nuestra cabeza. La película de Andrew Stanton -quien, años atrás, ya se encargó de la deliciosa Buscando a Nemo- ofrece un homenaje constante, basado en la sutileza, la inteligencia y, sobre todo, el fundamento (al contrario de lo que ocurre con algunos títulos de Dreamworks...), y, sobre todo, atreviéndose a llevar ciertos parámetros de dicha producción algo más lejos, sin herejías de por medio ni ofensas innecesarias a lo que hace ya casi cuarenta años el gran Kubrick construyó mano a mano con Arthur C. Clarke. De este modo, contamos con un primer tramo prácticamente mudo, en el que oímos los nombres de los protagonistas y poco más. Si en 2001 este tramo se ambientaba en el pasado, en WALL·E ya partimos de un futuro sustancialmente desolador para la raza humana, que se ha visto obligada a desalojar la Tierra dados los pocos recursos que ya, a esas alturas, puede ofrecer -esto, tal vez, pueda traernos a la mente la interesante Titán A.E., pero cualquier comparación con la producción de la Fox finaliza en ese mismo punto-. Sólo permanece un robot basurero al que los humanos olvidaron desprogramar y que, con el paso del tiempo, ha acabado desarrollando sentimientos. Así pues, su día a día se basa en "construir" edificios a partir de cubos de basura moldeados y fabricados por él, así como en recoger y coleccionar objetos, a priori, absolutamente innecesarios con los que decorar su hogar, una especie de nave más bien destartalada.

Más tarde, se incorpora a la trama otro robot (por sus formas, suponemos que hembra) que viaja a la Tierra con una particularísima y concreta misión. WALL·E y ella redescubren, en este tramo, algunos aspectos del pasado de los humanos, asombrándose, por ejemplo, ante la utilidad de un mechero. En el clásico de Kubrick ocurría exactamente lo contrario: los más lejanos antepasados del hombre aprendían a hacer uso de lo que más tarde serían sus principales, esenciales y más elementales recursos.

Lo posterior sigue, de algún modo, la linea habitual de Pixar: momentos de comicidad (necesariamente visual, lo que nos devuelve, por obligación, la magia del cine mudo) y ternura, plagados de imaginación y, sobre todo, de buen gusto. Más tarde, cuando se dan las circunstancias que obligan a que los humanos aparezcan en pantalla, la película adquiere cierto carácter de denuncia. Un carácter que le ha valido muchas críticas puesto que, al parecer, a muchos les resulta un mensaje hipócrita viniendo de Disney. Yo, simple y llanamente, creo que hay mucho "cronista" por ahí al que le apetece hablar de todo menos de cine.

Stanton consigue retratar una exacta involución humana, cuya raza ahora es absolutamente dependiente de la tecnología y las máquinas, creadas todas ellas en base a sus servicios más banales. La comunicación y las relaciones se han visto deformadas, quien sabe si para siempre. Pixar se arriesga, sin que le pierdan las grandes palabras, y su ácida ironía acaba por funcionar del modo más avasallador. Su único problema es que acaba por mostrarse, en conjunto, irregular (más que nada por su duración), aunque eso no quita que sea siempre entretenida.

Una película magnífica, de esas que solo aparecen cada muchos años. Si sigue habiendo justicia en esto del cine, el último trabajo de Pixar superará el infinito al que apuntaba Buzz Lightyear hace ya casi quince años y se convertirá, por fin, en el clásico imperecedero que todos soñábamos y parecía que nunca llegaría. Imprescindible.

Nivel de diversión: Absoluto.
Para aficionados a...: Las películas de Pixar, la ciencia-ficción y las historias ambiciosas que no se quedan por detrás de sus pretensiones. Gran cine, con enjundia y mucho sentido del espectáculo. Aquellos que idolatren 2001 amarán WALL·E sin contemplaciones.
Valoración final: ····· (sobre cinco).

Menos conclusiones se necesitan para hablar de Venganza, la nueva producción del querido y a la vez denostado Luc Besson. Negándome por completo a utilizar la palabra "plana" para describirla, obviamente hablamos de una película esquematizada y muy sencilla, tanto como el mecanismo de un chupete... ¡pero enormemente eficaz! El segundo trabajo en la dirección de Pierre Morel cumple sobradamente con su cometido de ofrecer entretenimiento sin tregua alguna, tal como su inquietante trailer prometía, y, únicamente con seguir unas pautas básicas del género, Besson consigue reafirmarse como uno de los grandes del cine de acción, entregando la que, hasta nuevo aviso de Statham, se sitúa como la mejor película encuadrada en esta temática que se ha estrenado en todo el año.

Que no nos dé vergüenza, el hecho de que se trate de un trabajo absolutamente inverosímil no tiene por qué ser un impedimento para disfrutarla y salir del cine como el que baja de una montaña rusa. La combinación es tan obvia que resulta infalible: ¿cómo demonios una película en la que Liam Neeson, como buen ex-agente de la CIA, vuelve al ruedo para cargarse albanos no va a merecer la pena? La estructura del guión no revolucionará, ni falta que hace, los cánones del género, pero cuenta a su favor con un arma básica: el espectador no se plantea el disparate de su propuesta dado que siempre está ocurriendo algo, que la mayoría de situaciones a las que se enfrenta Neeson resultan interesantísimas y, sobre todo, que el montaje es soberbio, ocultando con él los más que factibles defectos que suelen tener las obras de Besson.

Tal vez lo único que se pueda achacar a la película (olvidándonos, insisto, de buscar valores o detalles dramáticos a una película que ni los quiere ni los necesita) son algunos titubeos en su inicio, cosa absolutamente comprensible cuando se trata de presentar a los personajes. Sin embargo, la crepuscularidad a la que es sometido en su tratamiento el personaje de Neeson resulta, cuanto menos, admirable. Prácticamente, el director le enfoca como otro de los 'popes' del género, Stallone, quiso mostrar a uno de sus personajes fetiche en la reciente John Rambo. Da la sensación de que ya conocemos al protagonista, por la única razón de que, en este tiempo, se ha tratado tanto la idea de rescatar viejas glorias del cine de acción que Besson ha partido con el trabajo hecho y ha mostrado al héroe directamente en plena veteranía, o, como se suele decir, "retirado". No necesita presentación y, por ese modo, apenas la tiene. Únicamente se esbozan, de algún modo, sus habilidades (las mismas que se citaban cuarenta veces en el trailer) en una breve escena en la que el protagonista retoma su trabajo por una noche para ayudar a sus compañeros con la protección de una joven estrella juvenil antes, durante y después de un concierto.

Liam Neeson, además, tiene un carisma enorme y no le pesa lo más mínimo una historia ciertamente convencional que, gracias a alguna triquiñuela del guión y la fuerza narrativa imprimida por la dirección de Morel, consigue elevarse muy por encima de la media, puesto que va siempre al grano y no se anda con rodeos. Venganza es, ni más ni menos, el perfecto 'blockbuster' que llevamos tanto tiempo esperando de Hollywood y, al final, ha tenido que llegar de Francia, un país que se está portando de maravilla con estas producciones -solo hace falta recordar la interesantísima El secreto de Anthony Zimmer, otro gran ejemplo de 'thriller' consistente-. Por supuesto, la película no tiene la casi perfecta depuración de otros 'tótems' actuales como Bourne, pero, al menos, aquí las escenas de acción se degustan sin problema, no como con Greengrass, que tenía la extraña costumbre de involucrarse en dichas secuencias colocando la cámara en tantos sitios a la vez y con tantísimos planos que, al final, acababa por marear hasta a Matt Damon.

Amigos que se sintieron defraudados ante las, pese a todo, muy amenas La jungla 4.0 o John Rambo: he aquí la secuela que soñaban.

Nivel de diversión: Alto.
Para aficionados a: La moda del 'ultimate hero' iniciada por Bourne y sublimada por el nuevo James Bond; el cine de acción propiamente dicho; y, por supuesto, las pelis de justicieros a lo Charles Bronson o -en vista de los estupendos resultados de Sentencia de muerte- a lo Kevin Bacon.
Valoración final: ···· (sobre cinco).

Sé que a todos nos apetece discutir sobre The Dark Knight, pero el tiempo no es, precisamente, denso y no puedo sacar 'posts' de la nada. Palabra de David Dunn: estoy como loco haciendo la reseña conjunta de la nueva de Batman y de Mamma Mia!, y mañana mismo me escapo a ver Zohan para unir su "crónica" a la de Bangkok Dangerous.

miércoles 13 de agosto de 2008

Malas obsesiones

Hoy toca hablar de los Guns 'N' Roses. Hace unos días, un amigo me pasó un DVD que le habían regalado meses atrás: la gira Bad Obsession del grupo comandado por Axl Rose y Slash. Sobra decir que es un documento increíble.
Llevo años siguiendo a los Guns y, desde luego, hablamos de una de las bandas de rock más asombrosas de todos los tiempos (al menos, cuando estaban Slash y compañía). Conversando el otro día sobre ellos, el mismo que me dejó el DVD me recomendó que le echara un vistazo a la biografía del grupo, aunque fuera en la Wikipedia. Su trayectoria es, cuanto menos, desconcertante. Debido, principalmente, a la cara que se me quedó cuando terminé de leerlo, la idea era realizar un 'post' que repasase la historia de los Guns 'N' Roses, pero esa es una de las cosas menos interesantes y más aburridas que se pueden hacer en este momento. Por lo tanto, ¡me he quedado sin 'post'!
Para que la cosa sea algo menos descarada, pasemos a mencionar algunos de los más divertidos incidentes de la banda desde su fundación hasta el momento en que "dejaron de molar" -concretamente, cuando Slash mandó a Axl a freir espárragos-:

  • Si hacemos caso a la leyenda, el "Parental Advisory" que aparece en las esquinitas de algunos discos más o menos complicados fue motivada por el álbum debut del grupo, el portentoso Appetite for Destruction.
  • Durante una de sus primeras giras, Slash destrozó una habitación de hotel en Dallas y, a su vuelta a Los Ángeles, Axl se lanzó al público durante un concierto para zurrar a un guardia de seguridad por echar a un amigo suyo del recinto.
  • En el festival Monsters of Rock, dos de sus fans murieron aplastados ante la avalancha de público, y no se dieron cuenta hasta terminar. En el vídeo de 'Paradise City' aparecen cortes de ese concierto como supuesto homenaje a los fallecidos.
  • La canción 'One in a Million', que critacaba a los homosexuales, los inmigrantes y los policías, hizo que se les expulsara de un concierto contra el SIDA que iba a tener lugar en Nueva York. Años más tarde, la banda particparía en un homenaje a Freddie Mercury con fines similares.
  • Slash y McKagan aparecieron, durante una ceremonia de premios que se emitía en directo, en claro estado ebrio, insultando al público y utilizando un lenguaje que casi les cuesta el empleo a los directivos de la cadena.
  • Axl Rose fue arrestado por arrear con una botella de vino a su vecina, que se quejaba de que el vocalista del grupo escuchaba música a un volumen excesivo.
  • A su vez, él anunció que, si el resto de la banda no solucionaba sus problemas con las drogas, abandonaría el grupo. Prácticamente, todos lo consiguieron. Irónicamente, Axl Rose es quien más incidentes relacionados con las dorgas ha llegado a protagonizar antes y después de este suceso.
  • En Febrero de 1992, el vocalista gritó "Fuckin' St. Louis!" durante un concierto en dicho lugar, lo que provocó una tremenda bronca que acabó con decenas de heridos. El Tribunal del Estado declaró a Axl Rose culpable de alterar el orden público e incitar a la violencia. En Carolina del Sur sucedió algo similar, lo que causó sesenta heridos.
  • En una de sus visitas a Chile, Axl Rose agredió a varios fotógrafos a su llegada al aeropuerto. En el concierto que tendría lugar por la noche, se presentó con dos horas de retraso, borracho e insultando al público. Actualmente, tiene prohibido entrar en la República de Chile.
  • Hartos de Axl Rose, los integrantes del grupo decidieron marcharse. Axl sigue con Guns 'N' Roses, pese a llevar años sin sacar un solo disco. Slash creó Slash's Snakepit, y Adler creó Adler's Appetite. Ninguno tuvo demasiado éxito. Actualmente, la mayoría forma parte de Velvet Revolver.
  • Guns 'N' Roses tiene grabado un disco desde hace diez años, pero al amigo Axl no le apetece sacarlo. Algunos críticos han escuchado pases privados de ese Chinese Democracy y hablan de obra maestra. Algunos se aventuran a decir que el 2008 será su año. Yo creo que todavía es demasiado pronto, y hasta 2010 no habrá nada de nada. ¡Y eso siendo generoso!

En fin, lo mejor es olvidarse un poco de la salud mental de los componentes del grupo -ahora, por lo visto, Axl canta en la misma banda junto a un tal Buckethead, un guitarrista que, según he visto en fotos, toca con un cubo en la cabeza-, y escuchar una y otra vez el mejor álbum de debut que ha conocido jamás el rock: Appetite for Destruction, portador de las maravillosas 'Welcome to the Jungle', 'Sweet Child O'Mine' (elaborada por Slash como una broma, y con una letra compuesta por Axl en cinco minutos) y 'Paradise City', así como ver sus impresionantes directos y repasar la mejor versión jamás elaborada de la canción 'Sympathy for the Devil'.

Mientras tanto, para redondear un poco este 'post' musical, Extremoduro, mi banda favorita de siempre, "parece" que al fin publicará su nuevo disco este otoño, tras años sin material nuevo. Reconozco que los últimos discos no recopilatorios de la banda -concretamente, Canciones prohibidas y Yo, minoría absoluta- no son gran cosa en comparación con otros álbumes publicados previamente por el grupo, pero, en vista de los adelantos del disco ofrecidos primero en su página web ('Dulce introducción al caos') y luego durante la gira ('Primer movimiento: El sueño'), creo que hay razones para tener confianza ciega en un disco, de título La ley innata, que iba salir en Mayo, después en Junio, y ahora, a juzgar por la relativa metedura de pata de FNAC, el 9 de Septiembre. Hasta que eso ocurra -yo no me fío hasta que no tenga el disco en mis manos-, podemos resacirnos mirando la cita de Cicerón que aparecerá en la portada ("Ciertamente existe una ley verdadera, de acuerdo con la naturaleza, conocida por todos, constante y sempiterna... A esta ley no es lícito agregarle ni derogarle nada, ni tampoco eliminarla por completo"); criticando el abusivo precio del álbum, que, por lo visto, rondará los 21 euros; y, por supuesto, examinar la extraña lista de canciones que aparecerá en la contraportada:

  1. Dulce introducción al caos.
  2. Primer movimiento: El sueño.
  3. Segundo movimiento: Lo de fuera.
  4. Tercer movimiento: Lo de dentro.
  5. Cuarto movimiento: La realidad.
  6. Coda flamenca (Otra realidad).

La ley innata se trata de un único tema de 42 minutos y siete segundos de duración, como, por ejemplo, lo fue Pedrá, aunque este proyecto parece ser, a todas luces, más ambicioso. Dicho disco, publicado en 1995, tan solo contenía una canción de aproximadamente media hora de duración. Esta vez, el tema ha sido dividido en seis pistas para hacerlo más accesible y fácil de escuchar. Veremos lo que nos depara el ingenio de un nuevamente inspirado Roberto Iniesta, quien, tras llevar años incapaz de componer, afirma haber recuperado las ganas de escribir canciones. Ahora, según dijo en una entrevista en la SER, esta realizando ¡otro disco!

 
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