sábado 8 de marzo de 2008

This is the End

Después de pasar un mes desaparecido, suponngo que ya va siendo hora de dar señales de vida y anunciar lo que muchos de ustedes ya habrán intuído: el cierre de Purgatorio crítico. Lamento haber pasado todo este tiempo "exiliado", por así decirlo, pero créanme si les digo que he estado ocupadísimo, y es precisamente por eso por lo que me veo obligado a aparcar, no sé si temporalmente, el blog. Durante este tiempo me han salido bastantes cosas, y conforme pasaban los días sin actualizar estaba cada vez más seguro de lo que debía hacer. Ustedes no se merecen, desde luego, pasar por aquí con regularidad para encontrarse siempre con la misma entrada en la portada. Lo peor de todo es que, de algún modo, me queda la sensación de haberles tomado el pelo a todos ustedes. Apenas llevaba poco más de un mes con esta nueva bitácora cuando me dio por dejar de publicar repentinamente. Mucho blog nuevo, pero ahora lo cierro a las primeras de cambio. Mis más sinceras disculpas, de veras.
De todos modos, quizás lo peor de esto no haya sido, simplemente, el abandonar toda escritura por estos lares, sino también mantenerme así de alejado de toda la blogosfera. Ni siquiera he tenido el "detalle" de dejar algún comentario durante estos días. Como mísera compensación por la faena de este abandono, trataré de pasarme por los blogs de todos aquellos que me han leído y comentado en las pocas semanas de duración de este fallido invento de forma regular, aunque solo sea para certificar que sigo vivo.
Pese a todo, si algún día me da por volver, trataré de anunciarlo a bombo y platillo, pero desde luego, les aseguro que ahora mismo eso no es algo precisamente factible.

De nuevo, reincido en mis disculpas y me despido con un "¡Hasta la vista!".

miércoles 6 de febrero de 2008

Vivir juntos, o morir solos

Tras una devastadora campaña publicitaria organizada por uno de los magos actuales de la ficción a nivel mundial, J.J. Abrams, se estrena al fin una de las películas más esperadas y deseadas del presente año, inquietud motivada principalmente por el aspecto del monstruo encargado, por enésima vez, de asolar la ciudad de Nueva York. No han sido pocas las apuestas y especulaciones que han girado en torno a la criatura. Amparados en unos brevísimos fotogramas en los cuales hace acto de presencia, se le ha llegado a considerar desde un sucedáneo de Godzilla hasta uno de los protagonistas del Parque Jurásico de Spielberg. Una vez visto en pantalla grande, desde luego puedo asegurar que la bestia se parece, en comparación con las otras dos señaladas, lo que un huevo a una castaña, para entendernos.

¿Cómo es? No creo conveniente explicarlo, pero desde luego no decepciona, sino todo lo contrario. Además, dicho monstruo posee una cualidad que, supuestamente, debía de ser una sorpresa, pero ha sido ya desvelada en alguna reseña de la crítica especializada. En cualquier caso, esquivaré dicho punto para salvar un poco la idea de secretismo montada por Abrams.

Además del monstruo en cuestión, una de las preguntas más formuladas en los días previos a su estreno era si, después de tantísimo bombo, la película estaría a la altura de las expectativas. Lógicamente, es difícil responder con plena certeza, dado que eso va relacionado directamente con lo que uno le pida a Abrams y a su película de 21 millones de dólares. La mayoría de los espectadores deben de ir, ante todo, avisados de que Monstruoso (espantosa traducción de Cloverfield) no es ni muchísimo menos un ‘blockbuster’, principalmente porque el presupuesto no da para tanto, y, por otro lado, de que el film está grabado con una videocámara, de modo que uno sigue el suceso con el mismo desconcierto que los protagonistas: sin saber absolutamente nada. Si a esto le sumamos el factor Abrams, con todo lo bueno y lo malo que ello implica, no es difícil hacerse a la idea de cual será el resultado de la enigmática Monstruoso.

Aunque más de uno se sentirá estafado ante el descubrimiento de que, en efecto, no hay demasiado espectáculo y de que realmente se trata de una película de personajes y no de seres de otros mundos, el planteamiento y, hasta cierto punto, ejecución de la idea es prodigioso. En realidad, la cinta grabada es la fiesta de despedida de Rob, que ha sido nombrado vicepresidente de una empresa en Japón y marchará a dicho país al cabo de unas horas. Sin embargo, la celebración se va al garete cuando, para sorpresa de todos, hay un apagón parcial y, en el corazón de la gran manzana, tiene lugar una enorme explosión que nadie consigue explicar.

Lo demás es, prácticamente, la inevitable consecución del problema: las personas, ante lo desconocido, reaccionan de modos variopintos y siempre atemorizados. El pillaje inunda las calles de la ciudad, a la par que muchos de los ciudadanos neoyorkinos se refugian en las tiendas y pequeños comercios escapando no sólo del monstruo, del que aún no hemos visto un ápice, sino de la terrible humareda que cosecha a su paso (y, aunque hubiera tenido su gracia, definitivamente la criatura que destroza media ciudad NO es el humo negro de Lost)... y de lo que se esconde en ella, ni más ni menos que la “sorpresita” de la que les hablaba.

Desde el preciso instante en que la gente se percata del peligro que corren ante esa amenaza desconocida, la cámara (obviamente, un amigo de Rob) sigue la incansable búsqueda del protagonista a la mujer que realmente ama, y con la que, precisamente, acaba de discutir esa misma noche. Repetición, pues, de la premisa que inundó la segunda temporada de la serie más popular del productor ejecutivo de Monstruoso: “Vivir juntos, o morir solos”. Es a partir de aquí cuando el director, Matt Reeves, incrementa notablemente la angustia de los protagonistas, con peligro en los lugares más insospechados, algo que acecha en la oscuridad, y, sobre todo, el miedo a lo desconocido.

Alguno dirá que [·REC], la fenomenal película de terror de Jaume Balagueró y Paco Plaza, consiguió con muchísimos menos elementos atemorizar al espectador y hacerle sufrir hasta el punto de que este desease, como nada en el mundo, que la película llegase a su fin. ¿Tiene para el género de terror mayores aptitudes [·REC] que Cloverfield? Probablemente, pero quien imagine el último ingenio de Abrams como una película con la que pasar miedo, está muy equivocado. El guionista se ha centrado muchísimo más en las motivaciones principales de sus personajes que en la criatura, de ahí que, principalmente, Monstruoso tenga más de historia de amor que de terror.

Igual que Edgar Wright mostraba en su genial Shaun of the Dead una epidemia de zombies como otro obstáculo más en la complicada vida social de su protagonista, quien, a su vez, debía reconciliarse con su novia, enmendar las relaciones con su madre y enfrentarse a las responsabilidades que le asaltarán y, de hecho, le asaltan en su nueva vida, el monstruo de marras no representa más que un escollo en los accidentados amoríos entre Rob y su doncella en apuros, Beth.

Otro de los puntos a destacar de la película son los pequeños injertos de otra grabación realizada previamente a la de esa noche. En los momentos en que el cámara pulsa el botón de “Stop”, la cinta anterior es la que vemos en pantalla. De hecho, la película se cierra con el final de dicha grabación. Este desenlace decepcionará a muchos, pues no se revela nada importante del monstruo. En los diez minutos anteriores, el espectador ha tenido ocasión de verle de todas las maneras: alejado, cercano, de perfil, ¡incluso por dentro! Sin embargo, no llegamos a conocer su origen. Se dice ahora que este sí se puede averiguar, por ejemplo, en planos aparentemente irrelevantes donde no se ve nada que conste de verdadero interés, o incluso durante los títulos de crédito, en los mensajes cifrados que aparecen en la parte inferior de la pantalla. Habrá que buscar por Internet...

Por lo demás, no se trata de una película del todo redonda, ni siquiera en la consecución de sus planteamientos, que son del todo brillantes, pero que, al menos, sí que aporta mucho al género introduciendo algo que, por el momento, no habíamos visto, o al menos no de esta forma. Entretenida.

Calificación
7,25/10

martes 5 de febrero de 2008

Acorralados en Birmania

Sin ataduras. Después de un regreso tan emotivo y bien recibido como Rocky Balboa, Sylvester Stallone vuelve con absoluta libertad para retomar las aventuras del famoso héroe de guerra John Rambo. En la sexta y última entrega de la que gozó su mítico personaje de boxeador, Stallone consiguió dar un broche de oro a la saga con un conseguido canto a la madurez emocional y la imposibilidad de volver la cara hacia lo que, en realidad, nacemos siendo. Aunque, en determinados momentos, John Rambo. Vuelta al infierno parece seguir derroteros similares, en esta ocasión Stallone ha optado por mantener las constantes habituales del protagonista, llevando a cabo una secuela más, algo superior, no obstante, a su segunda y tercera parte.

Se trata de un digno regreso, más por el tiempo que ha transcurrido desde que vimos la floja última entrega de la saga (Rambo III, en 1988) que por cómo se ha abordado, pues, en el fondo, estamos ante una secuela bastante corrientita en líneas generales, pero también con notables hallazgos en su conjunto. Con 61 años a sus espaldas, Stallone sigue dando golpes a diestro y siniestro, esta vez a unos militares birmanos que han tomado como rehenes a los misioneros que él mismo guió hasta la frontera. Lógicamente, los mamporros y demás se han visto reducidos a cinco intensísimos minutos situados cerca del desenlace que compensan plenamente el incesante parloteo que hay a lo largo del film.

Un par de frases sentenciosas y poco más salvan de algún modo la peor cara del film: hay dramatismo, pero este no resulta del todo efectivo. Lógicamente, nadie pagó para ver a su protagonista filosofando, pero Stallone ha optado, en esta ocasión, por presentar a su personaje de un modo alejado de toda estridencia, e incluso atormentado por sus propios recuerdos, pero en este aspecto, de algún modo, falla. Aunque, a primera instancia, no era necesario tal abordaje psicológico, el director ha perdido la oportunidad de llevar a cabo una apoteósica conclusión de la saga a partir de una certera deconstrucción del mito, del héroe, y de sus fantasmas del pasado.

Pese a ser complicado, a estas alturas, reprocharle a Stallone buena parte de las deficiencias con las que cuenta John Rambo, dada la abrumadora sencillez de su punto de partida, la película se presenta en exceso plana justo cuando no ocurre nada verdaderamente reseñable. La introducción es bastante interesante, mostrando una especie de competición llevada a cabo por el ejército birmano con sus prisioneros, y más tarde, la aparición inicial de Rambo no podría estar más conseguida. Con fondos cercanos a lo crepuscular, Stallone presenta a su icono a través del cansancio, de la lamentación, olvidándose de toda exageración e ironía.

Sin embargo, pese a su estupendo arranque, la película acaba por caer en lo obvio. Su premisa no puede ser más honesta, pero en cualquier caso el espectador siempre agradece que se le sorprenda con algún giro inesperado o vuelco en la trama. En John Rambo no ocurre nada de eso. Uno siempre sabe, al dedillo, lo que tendrá lugar en la próxima secuencia, y dada la funcionalidad de su dirección, la ejecución entre una y otra rara vez varía. Por momentos, lo único que se desea es que comience, al fin, la siguiente escena de acción, pues lo demás, si bien no aburre, tampoco es que enganche lo suficiente.

Menos mal que en su último tramo, Stallone recupera la garra y las ganas de dar espectáculo, brindando al espectador un brillantísimo último acto, cargado de fuerza y trepidancia. El director retrata la larguísima batalla final prácticamente como un instante de furia repentina, de arrebato, de enajenación por el sufrimiento. Unos minutos maravillosos, los más memorables de la película, muy por encima del resto del conjunto. Y, después, la calma. Realmente brillante.

Por lo demás, no se puede decir que, al igual que sus dos predecesoras, se recuerde demasiado por su calidad, pues se trata de una película entretenida y poco más. El problema es que Stallone sí podría haber ido más allá, pero ha preferido entregarnos otra secuela antes que redondear el mito. Es más divertida que el 80% de las películas de acción que se estrenan hoy día, pero no hubiera estado mal que, en una ocasión excepcional, el director se hubiese arriesgado un poco más. Buena conclusión, convencional film.
Calificación
6,75/10

domingo 3 de febrero de 2008

Celebrities. Hoy: John Rambo

El cine de acción no se entiende sin él. Es un mito, un héroe para muchos pese a las segundas lecturas que puedan tener sus películas. Sin embargo, el personaje bien podría desdoblarse en dos según "qué" tomemos como referencia. Aunque muchos parecen ignorarlo, antes de dar el salto al cine John Rambo fue el protagonista de la novela First Blood, de David Morrell, titulada aquí, literalmente, Primera sangre. También muchos parecen desconocer que, a pesar de que Acorralado no lo mostró así, el personaje de Rambo muere en la novela a manos del coronel Trautman (¡!), que a su vez también elimina al sheriff Teasle en mitad de un enfrentamiento entre ambos en la azotea de la casa donde se desarrolla la escena final. Morrell desaprobó que en la película se modificase tanto el desarrollo del film como el propio comportamiento del personaje, que originalmente era un frío asesino perturbado por sus recuerdos de la guerra, para quien no quedaba otra cosa más que luchar. Eso sí, se llegó a rodar una escena en la que Rambo se suicidaba, pero los implicados en el proyecto, y especialmente Stallone, decidieron que era mejor que ésta no viese la luz. Sin embargo, en los albores del dominio de Reagan, Acorralado se convirtió en un auténtico éxito de público, el cual vio en Rambo una nueva figura de acción, un héroe, un ídolo al que admirar. La opinión de Morrell sobre el nuevo trato otorgado al personaje cambió por completo y, mareado por los millones de billetes verdes que su creación estaba generando, decidió olvidarse del fatal desenlace del protagonista novelizando así la segunda y tercera entrega de la saga. Pero, ¿quién es John Rambo?

John James Rambo nació el 6 de Julio de 1947 (anecdóticamente, Stallone nació ese mismo día un año atrás) en Bowie, Arizona, en el seno de una familia con raíces alemanas e indias. Al concluir sus estudios en el instituto se alistó en el Ejército de los Estados Unidos precisamente el día en que cumplió 19 años, en 1966, y en Septiembre fue destinado a Vietnam. Al año siguiente regresó a Estados Unidos, comenzando a entrenarse como miembro de las Fuerzas Especiales en Fort Bragg, Carolina del Norte. Un par de años después volvió a Vietnam en otro frente distinto, hasta que, en Noviembre de 1971, fue capturado por las fuerzas norvietnamitas en las inmediaciones de la frontera china. De este modo, fue conducido a un campo de prisioneros de guerra, donde se le sometió a fuertes torturas que le dejarían marcado eternamente. En el año 1972 logró escapar, pero le asignaron a otro frente. Dos años más tarde, finalizó su servicio y regresó a casa. La primera película tiene como partida la dificultad de Rambo para adaptarse a la vida civil, y ocurre ocho años después de su regreso a casa, cuando descubre que todos sus compañeros en el frente han muerto, y además acaba de perder su empleo como mecánico en un taller de coches.

¡¡¡ALERTA DE SPOILERS!!! En los siguientes apartados, se analiza la saga película por película. Si lo creen conveniente, no lean las de aquellas que aún no han visto.

En 1982, Ted Kotcheff estrenaba Acorralado, película que adaptaba la novela de David Morrell, que sigue las andanzas del ex-boina verde John Rambo en su particular contienda contra las autoridades de la pequeña localidad de Hope, Washington. Sorprendentemente, la película se convirtió en un enorme éxito de taquilla, logrando una gran aceptación entre el público, que no tardó en ensalzar a su protagonista como uno de los grandes héroes del género (a pesar de que, técnicamente, su filosofía no sea muy admirable...). El film muestra como el protagonista es arrestado por vagabundear y resistirse al arresto, viéndose sometido, más tarde, a crueles tratos por parte de la policía del lugar, que le asesta varios golpes y le humilla. Durante todo esto, a Rambo le viene a la cabeza el tiempo en que estuvo apresado en Vietnam, y no se lo piensa dos veces a la hora de propinar varios golpes a aquellos a quienes tiene alrededor con tal de escapar. El protagonista roba una motocicleta y huye a las montañas, donde establece un fuerte, armándose y borrando a su paso todo aquel que pretenda darle caza. El sheriff Teasle recurre a la Guardia Nacional, que envía al coronel Trautman, antiguo oficial al mando de Rambo. El propio Trautman avisa: "No vengo a salva a Rambo de ustedes, sino a ustedes de Rambo". Poco tiempo después, la Guardia encuentra el escondite del protagonista y lanza una granada autopropulsada. Todos le dan por muerto, cosa que Rambo aprovecha para escapar a través de los túneles que dan con la carrretera principal del pueblo. Más tarde, tras provocar varios destrozos, es rodeado y mantiene un duelo dialéctico con Trautman, para después entregarse y ser apresado. Acorralado encumbró más aún a su protagonista, Sylvester Stallone, que acababa de alcanzar el éxito con las primeras entregas de Rocky, y encontró en este personaje otro auténtico icono del cine todavía por explotar. Aunque no posee el estátus de "cumbre del género", se trata de una película bastante entretenida, de gran popularidad en el momento de su estreno, pese a que sus secuelas empobrecieron bastante la calidad con la que se recordaba el conjunto. Bien narrada, con 'flash-backs' muy bien situados que ejercen de ráfagas en el herido recuerdo de su protagonista, Kotcheff logra otorgar a la película gran sentido del ritmo y del espéctaculo, interesando en todo momento. Sólo una pega: su final. Es la gran conclusión de todo y la situación no está nada mal planteada, pero Stallone no es muy buen actor que se diga, y la escena en la que él debe llorar mientras expone los motivos de su enfado queda incluso algo ridícula, y esto, además, si pasamos por alto la discutible ideología que envuelve dicha secuencia. Como curiosidad, David Caruso, conocido por su papel de Horatio Caine en CSI: Miami, tiene un pequeño papel en el film.

Tres años después, concretamente en 1985, el ya fallecido George Pan Cosmatos, director de Cobra, Tombstone o Conspiración en la sombra, tomó las riendas de la saga con Rambo: Acorralado II, secuela que, pese a no guardar muchas similitudes con la película original (por no hablar de la novela...), consiguió aún mayor éxito que su antecesora en taquilla, y por supuesto fue lapidada sin problemas por la crítica, obteniendo los Premios Razzie a Peor Película, Guión, Actor y Canción Original ("Peace in our life"). Fue, no obstante, el film que más ganacias género el año de su estreno, sólo por debajo de Regreso al futuro. Grandes tiempos para el cine. En esta película, Rambo permanece encarcelado por lo acontecido en la primera entrega, cuando de repente recibe la llamada del coronel Trautman, quien le visita para hacerle una oferta: tomar parte en una misión en Vietnam y, a cambio, recibir el perdón presidencial. Por supuesto, Rambo acepta, y más tarde se le comunica su tarea: hacer fotografías. Obviamente, el protagonista rechaza frontalmente quedarse de brazos cruzados en medio de todo un conflicto bélico, y decide atacar, sin calentarse la cabeza, al enemigo. El principal responsable de la operación es el teniente Murdock, a quien sólo le preocupa su riqueza y el indiscutible poder de la nación. Este decide abandonar a Rambo tras saber que no ha cumplido con su misión, sino que ha ido más allá, y que, para más inri, lleva con él a un prisionero de guerra. Rambo jura venganza, y deberá plantar cara al ejército soviético, que más tarde elimina a su compañera, Co Bao (que, en principio, iba a ser un hombre al que interpretaría... ¡John Travolta!). Rambo liquida al ejército y llega a su destino, para salvar a los prisioneros americanos. Allí, amenaza a Murdock, obligándole a volver a Vietnam para rescatar a los hombres que quedan allí. En mi opinión, se trata de un film en exceso denostado pues, pese a hacer gala de un fascismo ultra-acentuado, cumple sobradamente con su función de entretener, aunando bien el espectáculo y la imprescindible "acción por la acción" con momentos de buen cine de género, bien rodados e incluso de gran intensidad. Y es que se nota quién escribió el guión original: ni más ni menos que James Cameron, que en ese momento también preparaba Terminator y Aliens. El regreso. De todos modos, Stallone rectificó no pocas páginas del libreto, por lo que no es un dato del todo fiable a la hora de ver la película. ¿Inverosímil? Mucho, pero no creo que nadie esperase otra cosa. Muy divertida.

De nuevo, pasaron otros tres años hasta que Rambo volvió a aparecer en las pantallas de cine de todo el mundo, en la que sería su última peripecia comercial de la época (no lo olvidemos, ahora Stallone ha regresado 20 años después con John Rambo. Vuelta al infierno). Rambo III fue, en el momento de su estreno, la película más cara de la historia, y actualmente sigue siendo la más violenta jamás rodada. En esta película, Peter MacDonald, que hasta ahora había trabajado como operario y asistente de dirección en las anteriores entregas de la saga, tomó el mando de la dirección por primera vez en su carrera (más tarde, llevaría a cabo las poco agarciadas La historia interminable III o Soldado de fortuna, y se convertitía en uno de los principales responsables de la serie Historias de la cripta), elaborando un film que, no obstante, fracasó en su país de origen. La fórmula se agotó, y no lograron cubrir todo el presupuesto en el mercado doméstico, aunque bien es cierto que la recaudación mundial fue de vértigo. Sin embargo, ya sabemos que los americanos no hacen películas para el resto del mundo, por lo que los productores creyeron que era el momento de cerrar la saga. En Rambo III, nuestro "héroe" se encuentra en Thailandia ganándose la vida por medio de combates cuerpo a cuerpo. Sin embargo, no tardarán en volverle a reclamar. Rambo marcha a Afghanistán, donde el coronel Trautman ha sido capturado mientras trataba de suministrar armas a los 'muyahidines' afganos en su lucha contra los soviéticos. Rambo rescata a Trautman con la ayuda de estos, y elimina a todos los comandos soviéticos de la región. Como anécdota, las tropas soviéticas comenzaron a retirarse de la zona tan solo 10 días antes del estreno del film en Estados Unidos. También fue la última de la serie en la que apareció Richard Crenna (Trautman), fallecido en Enero de 2003 a causa de un cáncer de páncreas. Triste despedida de la saga para un buen actor, pues no es complicado darse cuenta de que, en efecto, Rambo III es la peor entrega de la, por entonces, trilogía. El personaje se siguió explotando del mismo modo que se hizo en la segunda, pero ya perdiendo por completo los ligerísimos y casi inofensivos ápices de verosimilitud que retenía la película de Cosmatos. No aburre (¡faltaría más!), pero se sigue más por amor al exceso que por cualquier otra cosa. Tiene incluso un toque paródico desmesurado, pero no creo que hubiese intención alguna de incluirlo. De todos modos, es justo reconocer que tiene unos cuantos momentazos: la carrera (para la que Sly utilizó el mismo caballo que Harrison Ford en Indiana Jones y la última cruzada), el rescate de Trautman, la cura de la herida con la cerilla, o la escena final. Para mear y no echar gota.

Próximamente, reseña de John Rambo. Vuelta al infierno.

sábado 2 de febrero de 2008

Encuestas

Les seré sincero y conciso: estoy preparando la segunda entrega de 'Celebrities', que está vez estará protagonizada por John Rambo, por lo que contrarrestaré la falta de tiempo cerrando estas encuestas mensuales de un modo plano, rápido y eficaz.

Ojeando el número de votos, parece que la cosa no les ha entusiasmado mucho, por lo que, hasta nuevo aviso, me tomo la licencia de cobrarme una de las primeras víctimas de mi traslado a Blogspot. Ya se me ocurrirá algo peor.

Bien, en 'La Encuesta del Mes', que se corresponde obviamente con Enero, les consultaba con todas las buenas intenciones del mundo (ilusos...) cuál ha sido, bajo su punto de vista, la película de estas Navidades. El resultado ha sido muy previsible: Soy leyenda, el film más taquillero de la pasada temporada, ha sido también el que más ha gustado a la mayoría de los parroquianos de PC, por lo que, con un 55%, se impone sin problemas al resto de candidatas. Inmediatamente por detrás se sitúa American Gangster, una de las mejores películas del pasado año, que consigue un 30% gracias sin duda a su hábil mezcla de intriga, acción e incluso sentido del humor. Una película de mafias como las de antes. El campanazo lo da Alvin y las ardillas. Aunque tan solo ha conseguido un 10%, es más de lo que, al menos, un servidor esperaba de ella, que era concretamente una cuarta posición. La película ha sido un sorprendente éxito de taquilla y ha salido la mar de rentable gracias a su presupuesto, por lo que los productores se pueden dar con un canto en los dientes. Segurísimo que habrá secuela. Probablemente, La búsqueda también cuente con una entrega más, pues El diario secreto ha funcionado satisfactoriamente, pero desde luego, los lectores no han quedado muy contentos con las nuevas aventuras de Nicolas Cage y compañía. Únicamente un alma cándida ha votado la película de Turteltaub, significando así un mediocre 5% para un film que aspiraba, supuestamente, a plantar cara a Soy leyenda.

En el 'Duelo de Titanes', dos jóvenes directores de cine de terror se enfrentaban con motivo del estreno de Halloween. El origen. Alexandre Aja ha ganado al director de esta última, Rob Zombie, uniéndose así al resto de nombres que han conseguido una reseña aquí. Estos son los ganadores del 'Duelo de Titanes' con una crítica pendiente de realizar:

Dicho esto, vuelvo a mi reclusión. Estoy viendo Acorralado: Rambo II, y en un par de horas voy a ver John Rambo. Vuelta al infierno, la nueva entrega. Con esta parsimonia, sólo nos queda rezar para que cumpla con las fechas acordadas: el 'Celebrities' de Rambo tiene que estar para mañana al mediodía, y la reseña de la nueva película, para el Lunes. ¡Felicidades a todos los que se llamen Fortunato!

jueves 31 de enero de 2008

Fuera de contexto: "Old Boy"

Sugerida por: Alberto Q.

Brillantísima película de Park Chan-Wook, que adapta una novela gráfica de mismo título y, a su vez, conforma el núcleo de una trilogía sobre la venganza que también incluye los títulos Sympathy for Mr. Vengeance, anterior a este, y Sympathy for Lady Vengeance, estrenado aquí el pasado verano. Supuso un éxito monumental el año de su exhibición en cines, consiguiendo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y el premio a la Mejor Película en Sitges. Galardones sumamente merecidos y quizá insuficientes para la que se ha convertido, por méritos propios, en una de las más importantes e influyentes películas de los últimos tiempos, una verdadera joya que situó a Corea del Sur, el país de origen del director y, por ende, de la película, en el mapa cinematográfico, compartiendo protagonismo con otros excelentes trabajos que nos han ido llegando de Asia en el presente siglo (siendo uno de los casos más recientes la estupenda The Host, de Bong Joon-Ho).

Uno de los detalles más significativos de Old Boy es que, prácticamente, nunca presenta -ni trata de hacerlo- similitud alguna con trabajos de corte parecido que ya han tratado el suculento tema de la venganza, innovando en todo momento a través de una estética rompedora y un guión espléndido, confuso, abrumadoramente bien definido, casi con reminiscencias ‘kubrickianas’ (por ejemplo, en el empleo de música orquestada en momentos de ultraviolencia, como ya hiciese el Altísimo con Beethoven en La naranja mecánica). Old Boy es, en todo momento, una película originalísimamente tratada, que reventaría los esquemas del ‘thriller’ de no ser porque incluirla de un modo tan directo en dicho género, cuando en realidad trata muchísimos más, sería algo un tanto superficial.

La narración, ni lenta ni en exceso ágil, se aleja bastante de las pautas marcadas permitiéndose dar caprichosos saltos en el tiempo, insertos de personajes en lugares que no deberían corresponderles, ‘flash-backs’ reconvertidos en más de una ocasión en paralelismo del presente o del futuro más inmediato, etc. Sin embargo, esto no debe espantar a nadie: aunque la cosa no es muy fluída que se diga, todo se entiende a la perfección, no hay elemento que no quede explicado con absoluta exactitud, ya sea en su final o en cualquier otro tramo del film, y, aunque nunca puede dominar tanto como le gustaría el contenido y más que obvio poderío de las imágenes que circulan frente a sus ojos, el espectador no pierde jamás el interés por la historia, dado que su apasionadísimo guión está escrito casi con las tripas, de modo trepidante y asfixiante, gustando en todo momento, debido también a unos personajes deslumbrantemente perfilados y definidos. Un maldito prodigio.

Extraordinaria realización, por otra parte: Park Chan-Wook mueve los hilos de un modo excepcional, causando incluso cierta hipnosis a través de un particularísimo dominio de la técnica que queda impregnado en unos encuadres millonarios, sublimados por una soberbia dirección de fotografía, llevada a cabo por Jeong Jeong-Hun.

El monumental núcleo del enjundioso contenido de Old Boy queda maravillosamente recreado en unas imágenes que no se comen la valía de la historia, que convierte al espectador en fiel cómplice de la venganza de un hombre que busca la verdad, el porqué de todo, encumbrado a través de un espectacular epílogo, que ha causado discordia y que, a mi gusto, es el perfecto desenlace, cargado de anabolizadísimas segundas lecturas, y que, por otro lado, difiere del original, el mostrado en el cómic. Los últimos planos, incluidos aquellos que acompañan a los títulos de crédito, son de una belleza inimaginable. Fascinante, por otro lado, el modo de tomar curvas narrativas de una secuencia a otra.

En cuanto a los actores, la gran mayoría están extraordinarios (impresionantes Min-Sik y Ji-Tae), pero quienes hayan visto la película doblada comprobarán cierto problemilla: las películas asiáticas suelen ser, en general, difíciles de adecuar a las voces españolas. En la mayoría de las ocasiones, se suelen contratar a profesionales cuyo tono sea similar al de los actores originales; de ahí que, en el caso de las películas asiáticas, en las que los intérpretes tienen habitualmente unas inflexiones en la voz muy particulares, suelan darse incómodas traslaciones. Sea como sea, siempre es recomendable tratar de verlas en versión original con subtítulos, aunque para ello haya que hacerse, por narices, con el DVD original.

Concluyendo, esta vez sí que debe uno fustigarse en el caso de no haber visto Old Boy, a pesar de que el hipócrita que esto escribe haya visto la película hace un par de horas. En serio, pocas veces he tenido tan claro estar ante un verdadero clásico: no cabe duda de que, con el paso de los años, esta película se va a convertir en un episodio importante en la cinematografía de principios del nuevo milenio. Aunque, con las películas que me convencen de este modo, tiendo a ser apasionado, no crean que exagero lo más mínimo, pues Old Boy es, en verdad, extraordinaria.
Calificación
9,50/10

miércoles 30 de enero de 2008

La gran promesa del Este

En un año plagado de nominadas “de peso”, 4 meses, 3 semanas y 2 días supuso la gran sorpresa del Festival de Cannes, alzándose con la Palma de Oro. Sin haber visto las suficientes películas para juzgar, podría decir, de todos modos, que el premio es, sin duda, merecido, pues se trata, sin duda, de un magnífico film con el que su país de origen, Rumanía, da todo un golpe de autoridad entre el cine internacional. No olvidemos que, recientemente, tambiñen pudimos ver aquí, en medio de un gran éxito crítico, 12:08 Al este de Bucarest. Dirigida con gran pulso y espléndida planificación, 4 meses, 3 semanas y 2 días pone patas arriba el tema de los abortos (como probablemente lo hará Juno en cuestión de días) de una manera crudísima, coronando antes de tiempo a un director, Cristian Mungiu, al que pocos que hayan degustado este trabajo considerarían inexperto pese a su corta filmografía.

Y es que la película, pese a quizás no ser redonda del todo, es prácticamente un éxito a todos los niveles: la realización de Mungiu es tan inteligente que asusta, mostrándonos sin ningún tipo de concesiones toda la historia, de manera crítica, avispada, directa, pero sin elemento estrafalario alguno (a pesar de cierto detalle aproximadamente a la conclusión del film), y consiguiendo, además, un trabajo técnico de altísimo nivel. Si nos percatamos, a lo largo de su metraje existen poquísimos ‘travellings’, algo que aliviará a más de uno, y prácticamente durante todo el film, en la mayoría de escenas ambientadas en lugares concretos, la cámara está quieta. Esto, en principio, parecerá algo demasiado sencillo como para recalcarlo, pero dirigir a los actores para que sepan moverse por un plano así de determinado durante un buen rato no lo hace cualquiera. Mungiu lo logra, consiguiendo mostrar lo necesario en una reducidísimo imagen.

Por otro lado, la narración es intensísima, por lo que, a pesar de su consabida lentitud (¿esperaban un ‘blockbuster’?), el espectador mantiene siempre el interés por lo contado, a pesar de que, a veces, parezca que se nos den datos innecesarios para la historia. El guión, sabiamente matizado, conjuga bien el dramatismo con la dureza que lleva desde el primer momento encima. Además, resulta fascinante el modo que se tiene de hilvanar las ideas principales del film a través de secuencias casi complementarias que enriquecen el conjunto de modo que incluso se degusta mejor.

El ritmo, carente de excesivo brío, es bastante austero pero no molesta dado que, principalmente, no aburre nada y además no se da una duración desmedida: la película difícilmente alcanza las dos horas de metraje.

Por otro lado, los situados frente a la cámara son grandísimos intérpretes que, a pesar de no ser muy conocidos por el público (no, al menos, por mi parte) y carecer de mucha experiencia en el mundo del cine, dotan a la película de una inusual fuerza dramática gracias a actuaciones monumentales, creíbles, rozando lo escalofriante. Por momentos, es difícil no estremecerse ante el talento con el que los actores acometen sus respectivos papeles. Hacía tiempo que un servidor no veía una interpretación general de la talla de esta.

En resumidas cuentas, si uno es amante del cine y, de vez en cuando, le gusta desconectar de la parafernalia venida de Hollywood, no puedo hacer otra cosa más que recomendar ver este film que, con gran retraso, llega a nuestras salas de un modo quizá escaso que probablemente impulse a más de uno a descargarlo de Internet, como el que esto escribe ha hecho (magnífica oportunidad, por otro lado, para degustarla en su idioma original con los pertinentes subtítulos al castellano).

Una película de altísimo nivel con la asombrosa capacidad de perdurar en la cabeza del respetable durante bastante tiempo, a la que tal vez se le podrían achacar ciertas irregularidades en el conjunto, pero que, pese a todo, se mantiene entre lo mejorcito que hemos podido ver ya este año junto a Expiación y Darjeeling. No la dejen pasar.
Calificación
8/10

martes 29 de enero de 2008

Fuera de contexto: "Napoleon Dynamite"

Sugerida por: Alberto del V.

Muy curiosa película, que supuso el debut en el largometraje de Jared Hess, una de las jóvenes promesas de Hollywood. Sin contar con un éxito demoledor, Napoleon Dynamite se convirtió de la noche a la mañana en todo un film de culto, dada su innegable originalidad. Y es que, pese a la sencillez de su argumento, Napoleon Dynamite supone un cambio de juego en la comedia adolescente que hasta ahora habíamos visto.

Jared Hess presta atención, de este modo, al sector menos popular de los institutos, siguiendo a Napoleon, un joven apático, ‘freaky’ -en el peor sentido de la palabra- y con muy pocos amigos, que comparte piso con un treintañero en su misma sintonía y sin demasiadas aspiraciones en la vida. Hess trata de innovar, principalmente, en el estilo narrativo, alejándose de las pautas del cine norteamericano más comercial y optando por una pasividad que a más de uno resultará desquiciante, con la que pretende retratar la monotonía y el aburrimiento con que sus protagonistas viven los no pocos acontecimientos que se darán a lo largo del film (incluyendo, mucho ojo, después de los créditos, pues la película continúa más tarde durante unos minutos).

El problema principal reside en que, pasado el cuarto de hora, esta “originalidad” deja de sorprender, y desde ese momento el espectador sigue con el justo interés la historia, especialmente porque los personajes son, en su gran mayoría, excelentes creaciones y están tratados por los guionistas con un cariño inusual. Más tarde, en su desarrollo, presenta bastantes tiempos muertos en los que no ocurre nada que llame demasiado la atención. De todos modos, en parte este era uno de los objetivos de Hess a la hora de contar la historia. Efectivo en menor o mayor medida, no es a ciencia cierta un error del todo achacable, sino un estilo pasivo y parsimonioso que puede gustar o no hacerlo.

Aun así, en su última media hora, Napoleon Dynamite levanta asombrosamente el vuelo, regalando al espectador un puñado de buenos momentos de hilaridad (la chapa, el número de Napoleon en las elecciones) y, sobre todo, incrementando sobremanera la acción. Es aquí, cuando, en su mayoría, la película funciona mejor, pues uno lo pasa bastante bien y le resulta imposible quitar ojo de la pantalla.

Además, los actores son muy buenos. Fue esta película, precisamente, la que nos descubrió a Jon Heder, excelente intérprete que encarna a la perfección su personaje. Poco tiempo después, Heder prolongaría su éxito con Patinazo a la gloria, con Will Ferrell, enorme triunfo taquillero en Estados Unidos y fracaso absoluto en los demás países donde fue exhibida. Muy bien también Efren Ramírez, en la misma tónica de su protagonista, y Jon Gries, que está impagable. Mucha atención a la actuación de la joven Tina Majorino, a la que ya habíamos visto antes en otras películas (¡era la niña de Waterworld!), en un completo cambio de registro con el que inmortaliza a uno de los mejores personajes del film.

En líneas generales, es un film entretenido que se ve sin muchos problemas, pero al cual su condición de película de culto no ha hecho ningún favor. Tiene grandes momentos, pero, por lo general, está bastante sobrevalorada, siendo, simplemente, una interesante propuesta ‘indie’ con algún que otro curioso logro. Después de Napoleon Dynamite, Jared Hess se pasó al cine comercial con Super Nacho, a la que la crítica despedazó sin piedad. Qué quieren que les diga, a mi gusto, no existe una diferencia sensible entre la calidad de una y otra, lo que ocurre es que, como suele pasar, a Hess había que echarle en cara como fuese el haber dirigido una comedia con Jack Black.

Sinceramente, ambas son bastante dignas, a pesar de que la conclusión que se saque tras disfrutar Napoleon Dynamite sea la misma que cuando se ve un episodio de Trailer Park Boys.

Calificación
6,75/10

domingo 27 de enero de 2008

La familia es lo primero

El pasado martes 22 fallecía en su apartamento de Manhattan el actor Heath Ledger, debido a una sobredosis producida por la consumición de seis medicamentos distintos, todos ellos con receta médica y, por ende, legales. El actor llevaba un tiempo tomando somníferos debido a su dificultad para conciliar el sueño desde su ruptura con la también actriz Michelle Williams, que se había hecho recientemente con la custodia de su hija, de tan solo dos años de edad. La noticia ha provocado gran conmoción tanto entre los medios de comunicación como entre el público, pues, a fin de cuentas, aunque no se sea seguidor suyo, un titular que reza la muerte de un joven de 28 años, con un gran futuro por delante, siempre es triste para todos. Que en paz descanse. Actualmente, el fallecido intérprete aún tiene pendiente de estreno dos películas que, precisamente, se encuentran entre lo más interesante de este año. Por un lado, I’m not there, una especie de biopic de Bob Dylan, para el que varios actores colaboraron dando vida al cantante. Por otro, un film radicalmente diferente, El caballero oscuro (The Dark Knight), secuela directa de Batman Begins, en la cual Ledger interpreta al Joker, uno de los villanos más populares de la saga, al que ya inmortalizó, en una tónica algo distinta, Jack Nicholson. A modo de homenaje, he optado por seleccionar una de sus películas menos conocidas, pero a partir de la cual se le empezó a tener en cuenta: la australiana Ned Kelly. Comienza la leyenda, que narra las “hazañas” del forajido irlandés.

Aunque en su día no contase con un éxito precisamente abultado y la crítica la acogiese con frialdad, Ned Kelly se presenta como un digno western, sin demasiados alicientes pero, pese a todo, bastante entretenido. En él, se cuentan sin excesivo brío las andanzas del bandido que da título al fin, quien busca justicia después de que unos guardias encarcelen a su madre a raíz de un crimen que él jamás cometió. Por lo general, la película sigue siempre una misma línea argumental, por lo que no se detiene demasiado en detalles ajenos a la historia pero tampoco trata de ahondar, ni siquiera de un modo superficial, en el carácter psicológico de los protagonistas. Es ahí donde reside uno de sus principales problemas: los personajes, de ese modo, actúan cuan marionetas a merced de un guión no lo suficientemente definido y carente de toda pasión.

Aun así, no es complicado en absoluto seguir la propuesta de Jordan, por lo que no aburre nunca. Ante el nulo poder dramático del film, el director recurre constantemente a su machacona banda sonora para acentuar los tramos, en teoría, más emotivos, que no llegan a estar explotados del todo bien, luciendo prácticamente como una sobreactuación de la idea y núcleo central que constituyen la, pese a todo, sólida base del conjunto.

De todos modos, en su desenlace gana una importante aunque obvia intensidad. El montaje del tiroteo final, así como el que acontece en el bosque en la primera mitad de la película, es fantástico, apoyado especialmente en una excelente fotografía, anclada siempre en unas tonalidades oscuras que ambientan y complementan a la perfección la historia.

Y es que, en lo relativo a la técnica, Ned Kelly es irreprochable. El presupuesto es bastante justo, y el dinero que había se ha empleado muy bien, construyéndose, de este modo, un western competente a casi todos los niveles, que sólo cojea en su guión. Aunque la historia es interesante, los mimbres no se han aprovechado al máximo, y se ha optado por algo mucho más convencional, alejado de cualquier estridencia, que parece buscar a toda costa la complicidad del espectador, algo que sólo consigue a medias.

Menos mal que la mayoría de sus actores son de primera fila y consiguen dotar a sus personajes de un carácter dramático que el guión no llega a ofrecer. Heath Ledger (que ya había trabajado con Jordan en Two Hands), por aquel entonces no muy reconocido, borda su papel a base de sobriedad y contención, aprovechando notablemente su primer papel relativamente de peso, tras haber protagonizado alguna que otra tontería sin demasiada relevancia. Orlando Bloom vuelve a convertirse en uno de los pocos actores capaces aún de romper con los esquemas del respetable brindado una actuación peor incluso de lo que cabría esperarse. El que esto escribe siempre ha pensado que su interpretación en Troya, de Petersen, era lo mínimo a lo que un actor podía llegar. Viendo Ned Kelly, descubro que estaba equivocado. ¡Y eso que soy de los que consideran que su intervención en Piratas del Caribe es muy discreta simplemente porque su personaje no da para mucho más! El resto de secundarios se defiende bastante bien, destacando especialmente un buen Joel Edgerton. Por cierto, muy desaprovechados Naomi Watts y Geoffrey Rush. Dos intérpretes espléndidos que, aquí, por desgracia, ejercen de mera comparsa, sin poder aportar gran cosa a la película.

Resumiendo, un trabajo corriente y moliente, que no ofrece nada que no hayamos visto antes. Afortunadamente, pese a estar bastante mal desarrollada y mostrar a unos personajes siempre en exceso planos, es un buen entretenimiento, que no molesta lo más mínimo ni aun tardando más en verla que en olvidarla. Es decente y gusta, pero no perdura por mucho tiempo.

Calificación
6,25/10

viernes 25 de enero de 2008

El milagro de J. Fesser

Tras años de rumores y proyectos inacabados, en 2003 se estrenó al fin la primera adaptación de las emblemáticas historietas de Paco Ibáñez, en medio de un gran éxito taquillero y una desigual acogida por parte de la crítica. Cuentan que el autor de los cómics originales había quedado satisfecho a medias con la serie de televisión animada realizada años atrás y no estaba muy seguro de que una película de imagen real que recrease las aventuras de sus personajes fuese del todo viable. Sin embargo, una vez terminó la producción, Ibáñez tuvo ocasión de verla y quedó muy contento con el resultado, pues, esta vez, el espíritu de sus dibujos sí había quedado del todo plasmado en pantalla. Y es que, probablemente, la adaptación realizada por Javier Fesser -miembro de Gomaespuma, que ya había trabajado en cine con su exitosa El milagro de P. Tinto y algún que otro cortometraje (el último, Binta y la gran idea, consiguió una nominación al Oscar)- es la mejor que se podría haber llevado a cabo. No era empresa fácil el lanzamiento a la gran pantalla del deslumbrante universo de su autor, pero, en la medida de lo posible, Fesser ha logrado ser fiel a las historias que muchos de nosotros leíamos de pequeños a pesar de trasladarlo de algún modo a su terreno.

Se trata, pues, de un trabajo deslumbrante a todos los niveles, sin una calidad imponente pero con las armas necesarias para plantar cara a muchos de los títulos "de entretenimiento" norteamericanos y sobradamente a las pobretonas adaptaciones cinematográficas con las que hasta ahora han contado Astérix y Obélix (la última se estrena aquí en dos semanas). A pesar de constar de pasajes que cortan el ritmo sobremanera, y otros que quizá entretienen menos de lo debido, La gran aventura de Mortadelo y Filemón se presenta como una notable y muy divertida traslación de los personajes al cine.

Probablemente, la excentricidad con la que ha sido afrontada la propuesta llegue a espantar a más de un espectador, pero a cualquiera que se haya reído con la propia obra de Ibáñez no le debería resultar, en principio, tan lejano. Y es que, aunque por momentos los efectos especiales se coman a una, a su vez, algo embarullada historia, Fesser ha conseguido aúnar el humor visual de los cómics (caídas, golpes, etc.) con la ácida ironía que rezumaban muchos de los bocadillos sobre el papel con bastante corrección. Algunos chistes, especialmente los más riterativos, no terminan de funcionar, pero hay diálogos con bastante mala uva, cargados de sal gorda, que consiguen arrancar, cuanto menos, una carcajada a cualquier espectador cómplice de las aventuras de los personajes.

Quizás el principal problema con el que cuenta la película es la falta de fluidez en determinadas partes. Pasan ni más ni menos que diecisiete minutos hasta que al fin hace acto de presencia, con rojísimas y enormes letras, el título de la película. ¿Qué nos indica esto? Principalmente, que su introducción es bastante larga. Los protagonistas tardan unos minutos en aparecer (la escena en la que son despertados violentamente en su apartamento fue una de las más costosas a la hora de rodar, y viéndola se entiende a la perrfección el motivo), y los guionistas se prodigan mucho en explicar la historia y el funcionamiento del DDT (Desmoralizador De Tropas), que, finalmente, aunque en su comienzo parece que será el eje central de su argumento, pierde bastante peso conforme avanza la trama.

Más tarde, cuando ya entra en materia, la película se degusta mucho mejor. Los gags están más conseguidos, pese a la previsibilidad de muchos de ellos, siendo destacable la hilaridad de su imaginería visual. ¡Inolvidable el atropello del ya desaparecido Luis Ciges! Otro de los detalles positivos de la adaptación es que Fesser, además de introducir algunos pequeños arreglos para su funcionamiento en pantalla, ha optado también por complementar el rico universo del original introduciendo por primera vez a la madre de Filemón (¡fantástica Isbert!) y otorgando a Rompetechos, que nada tenía que ver con Mortadelo y Filemón, pero que cuenta, también, con sus minutos de gloria en el film, una ideología nostálgica con el franquismo. Fesser justificó este cambio explicando que un tipo bajito, rechoncho y con bigote sólo podía ser "facha".

Su final, muy simpático. Marea mucho la perdiz con los cambios de roles (el hijo del dictador, el "herido"), pero no se deja nada, tiene grandes momentos de humor, y hasta se permite concluir con el eterno e imprescindible epílogo de todas las entregas. Justo antes, Fesser se permite introducir otro pequeño homenaje al autor incluyendo un inmenso cartelón que reza "Ibáñez for President" entre el jolgorio montado por la llegada de las protagonistas a Valencia. En los créditos, se incluyen las localizaciones principales del film (el reino de Tirania es ni más ni menos que Gijón), agradeciendo a todos los figurantes su participación.

Mención aparte para sus actores. El director sufrió lo indecible para encontrar su Mortadelo, y justo cuando iba a dar su brazo a torcer, se topó con Benito Pocino, cartero que había contado con pequeños e irrelevantes papeles en el cine y que, dada su semblanza física con el personaje al que interpreta, revolucionó todo el casting. Hubo, de este modo, que contratar a nuevos actores que se pareciesen más a sus alter-egos, y ahí fue cuando se incorporaron los brillantes Pepe Viyuela y Marino Venancio, en los papeles de Filemón y el Súper, respectivamente. Todos ellos están espléndidos. A destacar la aparición del gran Dominique Pinon en un papel más o menos antagónico (generalmente por un malentendido), el de Fredy Mazas, el agente especial de la TIA infiltrado en el reino de Tirania como primero en la línea sucesoria.

Resumiendo, una muy buena adaptación, que no terminó de convencer ni a público ni a crítica en el momento de su estreno, pero que, viendo lo que parece prometer su secuela, probablemente se revalorice en cuestión de días. Yo, personalmente, reconozco que en el momento de su estreno, me apabulló bastante y no la terminé de encajar del todo bien. A juzgar por mi opinión actual, podría asegurar con total franqueza que un segundo visionado, más relajado y con la simple intención de pasar una hora y media distraído, aporta muchísimo. Viendo las anteriores películas de este ciclo que, en un par de días, me he sacado de la manga, parece obvio que La gran aventura de Mortadelo y Filemón es, tal vez, la mejor adaptación de un cómic español hasta la fecha. Si no hay novedades, mañana me invitarán a ver la segunda entrega. No tengo en mente hacer reseña, pero trataré de avanzarles algo en los comentarios o en algún comunicado estelar de los que cuelo debajo de las calificaciones.

Calificación
7,25/10

Venga, y si mañana saco tiempo, antes de que se me merienden, le monto por fin un merecido homenaje al amigo Heath Ledger con alguna reseña. No va a ser Brokeback Mountain, ni Destino de caballero, ni Los amos de Dogtown, que esas están siendo las más sobeteadas estos días.