Antes de embarcarme en otro ciclo imposible con motivo del estreno de cierta película, no podía dejar que pasase un día más sin rendir mi particular homenaje a uno de los grandes genios del último siglo, Bobby Fischer. El sábado conocimos la noticia de su fallecimiento, tras permanecer años desaparecido. Amado por unos, denostado por otros, el que esto escribe reconoce una notable fascinación hacia su persona que se podría remontar años atrás, a pesar de que, en sus últimos años, dio claras muestras de estar como una cabra, al festejar, entre otras cosas, los atentados del 11 de Septiembre. De todos modos, un par de excentricidades injustificadas no son suficientes para arrebatar a Fischer la condición de genio, de leyenda, de uno de los grandes mitos de los últimos tiempos y quizás el mejor jugador de ajedrez de la historia. Quienes hayan visto la película de la que pasaré a hablar ahora sabrán que, en realidad, la cosa tiene poco que ver con Bobby Fischer, pero, en cualquier caso, supongo que servirá como particular homenaje a la figura de este Gran Maestro.

En 1993,
Steven Zaillian, uno de los mejores guionistas de
Hollywood, autor de trabajos como
La lista de Schindler,
Misión imposible,
Gangs of New York o la reciente
American Gangster, y ahora también uno de los responsables del próximo 'remake' de
Los cronocrímenes de
Vigalondo, aún inédita por aquí, decidió dar el salto a la dirección con
En busca de Bobby Fischer, la apasionante adaptación de la novela de mismo nombre escrita por
Fred Waitzkin, el padre real del protagonista, un niño prodigio llamado a ser, desde los siete años, el heredero directo del trono dejado por
Fischer. Pese a contar con buena parte de los tópicos propios de este tipo de cine, y estar realizada muy al modo de Hollywood, sin excesiva originalidad, la película no tuvo una gran aceptación en taquilla pero sí gustó mucho a la crítica y al (poco) público que la vio, dada la tremenda afición de los espectadores por estas historias de superación al otro lado del Atlántico... por no decir a ambos, porque, para ser sinceros, hace falta ser de piedra para no emocionarse como es debido con una película tan bienintencionada y amable.
Zaillian utiliza prácticamente todas las trampas posibles para convertir al espectador en un cómplice más a favor de su causa, y, gracias a su experiencia, si uno sólo trata de evadirse durante algo más de hora y media, el realizador y guionista lo consigue con creces, logrando que
En busca de Bobby Fischer enganche desde su comienzo hasta su muy bien resuelto final. Los personajes, todos, están brillantemente retratados. El director no arriesga un ápice al no ofrecer para nada un ligero ápice de crudeza, tergiversando en cierto modo la idea que, partiendo de extractos que he podido leer en Internet, el autor de la novela pretendía transmitir: aquí, el personaje de
Mantegna es el padre perfecto, el prototipo de cabeza de familia políticamente correcto que va al béisbol y presta la máxima atención a sus hijos, mientras que el auténtico
Fred Waitzkin reconoció en más de una ocasión que, por momentos, veía más a su hijo como un ajedrecista que como un niño, y que apenas recordaba como era
Josh antes de denotar una clara aficción por el juego de mesa.
No es éste el único factor que juega en contra de la historia construída por Zaillian: todo aparece demasiado idealizado, lo cual dificulta la verosimilitud de muchos factores clave del film. Está basado en hechos reales, pero esto no significa, en absoluto, que el director no haya recurrido a los más que obvios trucos del cine dramático "a gusto de la Academia" para retocar un poco su versión de los hechos, edulcorándola en exceso y haciendo quizás difícil su digestión para los espectadores más exigentes. Sin embargo, pese al abuso de tópicos y elementos de lo más almibarados, el guión está escrito notablemente, pues consigue que uno pase por alto en todo momento detalles así y se centra en el probado atractivo de la historia. Y es que, cuando Hollywood lleva a cabo superproducciones dramáticas con niño de por medio, no hay quien se resista.
Todo es consistente, y no hay escenas innecesarias ni nada que pueda aburrir al respetable. La historia se desarrolla poco a poco, con un excelente ritmo narrativo alejado de toda estridencia, y sólo cortado brevemente por pequeños segmentos que aportan datos significativos sobre la vida de
Bobby Fischer, ídolo del protagonista. La estructura narrativa clásica es bastante obvia, diferenciándose sin problemas cada uno de los puntos de su esquema introducción-nudo-desenlace. Tanto la ambientación como la fotografía (especialemnte en interiores) son espléndidas, y el montaje de algunas partidas -especialmente la última- es espléndido. Además, muchas escenas, si no han pasado ya a la historia del género, es porque el tiempo no ha querido: ¿qué me dicen de la escena en la que
Kingsley tira todas las piezas de ajedrez para que su "discípulo" preste atención al tablero? ¿O de la regañina en medio de la lluvia de
Fred con su hijo, cuando este confiesa su intención de dejar de jugar sólo para no decepcionarle más?
Por otro lado, su fantástico elenco brilla con luz propia. De
Kingsley poco se puede decir ya. El actor asume un rol bastante sencillo y brinda de nuevo una actuación memorable. Mejor está un fantástico
Joe Mantegna en uno de los mejores papeles de su carrera. Viendo su irregular trayectoria, no puedo evitar pensar que el tiempo le ha jugado una mala pasada al actor, y que, pese a su intervención en la tercera entrega de
El Padrino, nunca ha estado lo suficientemente reconocido. Destacable también el buen hacer de un
Laurence Fishburne pre-
Matrix, que desempeña notablemente su particular papel de compañero de fatigas del niño en sus pasos iniciales en las calles de
Brooklyn. En cuanto al niño, muy bien. No es repelente ni dificulta en absoluto el disfrute del film, como ah pasado ya en más de una ocasión.
En resumidas cuentas, un trabajo estupendo, con sentido del ritmo y de la medida, entretenido y compacto del primer al último minuto. No soporta muchos análisis, pues se trata de una película bastante convencional y muy al gusto de las masas, pero es bonita y se ve sin problemas. Prácticamente, un clásico. A modo de curiosidad, muchos de los personajes reales aparecen en la primera escena en el parque.
Calificación
7,50/10
Antes de terminar, una noticia que me ha dejado atónito:
Heath Ledger ha fallecido. Aún no existen demasiados datos, pero
se han encontrado pastillas junto a su cadáver. Como lo leen.
2 insolencias:
Pasé un tiempo aficionado al ajedrez, así que no descarto echarle un vistazo algún día. De hecho, las historias de superación personal suelen gustarme, sea en el ámbito que sea (preferiblemente en el deporte, aunque no soy precisamente un deportista)
Saludos ;)
Yo también tuve mi vicio particular con el ajedrez, pero llevo bastante tiempo sin jugar. A ver si me reengancho.
Las pelis de superación 'made in Hollywood' suelen ser harto tramposas, ¡pero están tan bien hechas...! Sin ir más lejos, "Cinderella Man", que la vi en el cine, me encantó en su momento, a pesar de reproducir, de un modo algo más lujoso, la misma fórmula de "Rocky", que, a su vez, también me emocionó (incluso en las secuelas).
Este tipo de historias suelen tener en el deporte mayor impacto, pero si a usted le gustan las historias de "él es mejor" y "nunca lo podré vencer", creo que "En busca de Bobby Fischer" le convencerá.
¡Un saludo!
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